¿A dónde se fueron tus sueños?

Vanessa González RicoDestacados, Educación, Motivación, Reflexiones0 Comments

    Todos los seres humanos nacemos con la capacidad de soñar, definamos sueño como una realidad virtual que se experimenta al dormir. Se originan a partir de un proceso de la mente no programado ni dirigido que se basa en la reelaboración de distintos datos que se almacenan en la memoria.     Sin embargo de lo que queremos escribir hoy es La noción de sueños, utilizada para nombrar a los deseos o proyectos de difícil concreción, aquellos que se elevan por encima de las realidades y/o metas comunes. Por ejemplo, un sueño muy común en un chico seria: “Jugar en un gran equipo de futbol europeo de primera división”.     Para los seres humanos soñar va más allá que el simple acto de dormir, repetir imágenes inconexas, y/o eventos contenidos en nuestro inconsciente. Es más bien anhelar, desear,  querer alcanzar o conseguir eso que nos inspira a tener una vida mejor. En ocasiones el sueño se convierte en una  meta de vida. Nuestros esfuerzos, nuestra profesión, nuestros recursos son invertidos en lo que tanto deseamos o anhelamos alcanzar. Es decir: Nuestro sueño. Pero la realidad es que, en la mayoría de los casos, este tipo de sueños van alejándose de nuestro día a día, se van olvidando, vamos perdiendo inclusive la capacidad de soñar. Sin querer vamos sepultándolos, van quedando en un segundo plano, por diversas ideas, pensamientos o incluso razones que parecen ser “lógicas y correctas”. Las experiencias negativas, los compromisos, las exigencias de terceros, las heridas emocionales, la burla o rechazo al compartir estas metas se encargan de terminar de alejarnos de nuestros sueños  tanto como lo están el este del oeste. Y en la medida en que pasa el tiempo nos volvemos tan rígidos que pareciera que estuviésemos paralizados al momento de comportarnos perdiendo por completo toda espontaneidad y creatividad (características que son inherentes al ser humano) generando a su vez esclavitud en nuestra mente, encerrándonos en una cárcel “imaginaria’’ que incluso pudiese llegar a ser tan tangible que no nos permite luchar por eso que deseamos o soñamos, perdiendo la esperanza y la capacidad de batallar con constancia y perseverancia, llevándonos a rendirnos  antes de incluso intentar comenzar a alcanzar nuestros sueños.
    ¿Y si nos arriesgamos a seguir nuestro sueño? Cosas positivas empezaran a ocurrir. Cuando decidimos dar un paso hacia la concreción de nuestros sueños, nos colocamos en posición de iniciar un viaje al éxito. El simple hecho de avanzar hacia él, logra que nuestra vida reciba enfoque. Nos ayuda  a establecer prioridades en los diferentes contextos de existencia, hace que nos concentremos en lo verdaderamente importante y no en lo superfluo.
    En el momento que empezamos a luchar por nuestros sueños recuperamos el brillo y la esencia, volvemos a ser jóvenes en la medida en que soñamos. A veces es necesario arriesgarse a pesar de los temores, la responsabilidad u obligaciones, el gurú de liderazgo y experto motivacional John Maxwell afirma que: “Quien tiene un sueño, conoce a lo que tiene que renunciar con el propósito de avanzar”. Seguir un sueño implica renuncia, implica focalizar nuestra atención, esfuerzos, tiempo, recursos en lograr el cometido: Alcanzarlo.
¿Qué hace un sueño por ti?
    Un sueño aumenta nuestro potencial, nos hace crecer, ser mejores y felices. Un sueño nos da dirección, nos orienta, nos marca el camino, nos indica cuales son los pasos, como si fuese una brújula.

    Un sueño agrega valor a nuestro trabajo. Leí en una ocasión una historia que refleja esto con precisión: “Un periodista entrevisto a  tres obreros de la construcción: ¿qué estás haciendo?, preguntó el periodista, el primero respondió, indiferente: me estoy ganando un dinero. El segundo respondió de manera hosca y ruda: estoy trabajando con concreto y asfalto, ¿no lo ve?, el tercer trabajador sonrió y respondió muy animado: estoy haciendo un hogar para una familia que lo necesita, allí ira el baño, acá la habitación principal… ¿lo puede ver?” los tres estaban haciendo el mismo trabajo pero solo el tercero estaba motivado por una visión mayor. Su trabajo cumplía un sueño para él, y para las personas que recibirían ese hogar.
Un sueño nos dirige: “Nuestro sueño cuando lo seguimos es el mejor pronosticador de nuestro futuro.” Asegura Maxwell. Puedes seguir tus sueños no importa dónde te encuentres hoy y lo que ocurrió en el pasado no es tan importante como lo que hay en el presente y en el futuro. Cada cosa que haces para alcanzar tus sueños  se convierte en una pieza importante de un cuadro más grande.
    “El mundo de un ciego está limitado por lo que toca, el mundo del ignorante está limitado por su conocimiento, el mundo de un gran hombre está limitado por su visión, si su visión es grande así será su potencial para el éxito” Paul Jovey.
   El primer paso es aprender a reconocer cuáles son sus sueños.  El siguiente paso es escoger una forma de luchar por tus sueños. Cuando te propongas identificar y seguir tu sueño, el mismo debe tener un propósito claro y determinado,  debes estar comprometido a lograrlo, alcanzarlo, para esto debes ser diligente, asumir la responsabilidad de lograrlo  sin excusas ni pretextos.
    Si aun no has descubierto cuáles son tus sueños, te invito a que te hagas unas preguntas que podrían arrojar un poco de claridad al asunto: ¿Qué es lo que te apasiona?, ¿Cuál es el motor que te impulsa?, ¿Qué cosa harías que te haga sentir feliz aun sin que te pagaran por eso? Y recuerda: “Mientras mayor sea el viaje para alcanzar tu sueño, más comprometido tienes que estar para emprenderlo.”
    Puedes empezar a seguir tus sueños hoy mismo… ¿Que estás esperando?
Referencia
John Maxwell. El mapa para alcanzar el éxito. 2003.

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