Algunas lecciones para ser más optimista

Claudia MolinaDestacados, Educación, Reflexiones0 Comments

   Por lo general, mal interpretamos el concepto de “ser optimista”. Nos parece extraño conseguir a esa persona quien siempre hemos visto como positiva, quejándose llena de ira sobre alguna situación o inmersa en lágrimas de tristeza, pues difícilmente la concebimos atravesando una tragedia personal o padeciendo preocupaciones que le quiten el buen dormir…
    La cuestión es que el optimismo lo hemos asociado con sonrisas eternas, actitudes inquebrantables y lemas perfeccionistas, nos hemos acostumbrado a idealizarlo tanto que lo creemos muy difícil de sostener en el tiempo, además nos concentramos en verlo como un rasgo de la personalidad cuando verdaderamente no se trata de esto.
    El optimismo en realidad es un modo de percepción, es decir, una manera de percibir y asumir las circunstancias que ocurren en nuestra vida. Por ello, una persona optimista no siempre está sonriendo, puede vivir momentos de crisis y puede llorar tristezas desgarradoras… después de todo no hay nada sobrenatural en su organismo, un optimista sigue siendo humano, con emociones y pensamientos reales e incluso situaciones complejas por afrontar; lo diferente es la manera en la cual asume sus realidades y decide enfrentar tales circunstancias.
    La manera en que percibimos y evaluamos las situaciones está directamente influenciada por nuestras creencias, las cuales vamos creando a partir de las experiencias que vivimos (las moldeamos, aprendemos y formamos). Por lo tanto, ser optimista, termina siendo un modo de percepción que puede adquirirse y aprenderse (aunque sea un proceso de mayor o menor complejidad para algunas personas).
    Ahora bien, intentando simplificar este proceso y poder trazar algunas acciones para lograr ser optimistas (lo que nos traerá más brillo y paz a nuestras vidas) pueden tal vez resumirse en las siguientes:
1. Hacernos responsables: Darnos cuenta que las circunstancias son producto de nuestras propias decisiones. Aunque en oportunidades nos sintamos presionados, estimulados y hasta persuadidos en hacer alguna elección, al final de cuentas somos nosotros mismos quienes terminamos tomando la decisión.
    En el momento que asumamos nuestra responsabilidad en las cosas que “nos pasan”, en los pensamientos que tenemos, en las emociones que sentimos, y en las palabras que decimos, entenderemos que tenemos mucho más poder del que creíamos jamás. Cortaremos el ciclo de buscar culpables y de ser manipulados, dejaremos de ser víctimas de las circunstancias y podremos vivir con el poder de decidir auténticamente.
2. Centrarse en lo positivo: buscar lo bueno de todas las situaciones suena sencillo pero puede resultarnos difícil si estamos sumergidos en nuestra propia energía negativa. Por lo general, podemos dedicarnos (en pensamiento y emoción) a recordarnos las cosas que no hemos logrado alcanzar o tener, se trata entonces de enfocar esa misma energía y/o esfuerzo en lo que sí tenemos y en lo que sí podemos hacer para alcanzar las que deseamos.

    Identifiquemos el pensamiento negativo que nos ataca constantemente y sustituyámoslo por uno que se centre en lo positivo. Cuando nuestro día esté terminando nombremos las cosas buenas que sucedieron, cuando una situación parezca abrumadora, esforcémonos en conseguir lo positivo.

Centrarse en lo positivo está en nosotros mismos, es un hábito que podemos crear para practicar diariamente. Nos permite además reorganizar nuestros propios recursos, valorarlos y aceptar que contamos con oportunidades y herramientas que probablemente otros no posean.
3. Asumir la “temporalidad” de las circunstancias: La vida es impredecible, todo el que tenga conciencia y un poco de experiencia ha comprendido (para bien o para mal) esta afirmación. Pocos segundos son necesarios para cambiar las circunstancias, un día podemos contar con algo (o alguien) y al otro día estar extrañándolo. Lo cierto es que de eso se trata la vida, de momentos que ocurren en el tiempo, y este detalle parece olvidarse cuando vivimos una situación difícil.

    Recordar que todas las circunstancias son temporales nos ayudará a afrontarlas de mejor manera, tanto se trate de un evento afortunado (tomaremos conciencia de disfrutarlo con mayor intensidad) como esté relacionado a un hecho desafortunado (todo se vive y se pasa, no porque lo vivamos ahora implica que lo viviremos así siempre). Lo ideal es estar preparados para asumir esta “temporalidad”: un comienzo, un cierre y seguir por otro comienzo y otro cierre.
4. Arrimarse a buena sombra: Punto importantísimo: buscar siempre la mejor compañía. Si intentamos modificar nuestros pensamientos y nuestra manera de percibir las cosas a una más positiva, no podemos rodearnos de personas que nos transmitan negatividad.

   Lo más sano es poder alejarse de esas personas “tóxicas”, aquellas que con sus quejas constantes, sus historias siempre desdichadas y sus críticas cortan las alas de cualquier ave colorida. Por el contrario, compartir con personas quienes puedan brindarnos mensajes positivos, expresiones de esperanzas y ánimos son las que necesitamos en nuestro grupo social.
5. Recargar energías: Practicar actividades que nos brinden disfrute y nos permitan drenar el estrés que acumulamos en la rutina diaria es vital para nutrirnos de mejores energías, así como mantener hábitos saludables (ejercicios, alimentación, descanso, entre otros), pues esto nos permite proteger nuestro sistema nervioso e incluso reparar algunos daños a nuestro propio organismo, más poderoso que cualquier fármaco o antidepresivo.

    Practicar algún deporte, ir al cine, cocinar, leer un buen libro, viajar, bailar, escape de spa, noche de póker, en fin, lo que esté a nuestro alcance (de espacio y bolsillo) servirá como actividad de disfrute, indistintamente de hacerlo solo o acompañado, sencillo o lujoso, lo fundamental es realizar al menos dos veces a la semana algo en lo que podamos separarnos de la rutina y en verdad hagamos simplemente por gusto; después de todo una mente despejada y descansada difícilmente podrá ser negativa.
6. Convicción de resultados positivos:

Somos responsables de lo que pensamos, sentimos, decimos y hacemos. Por lo tanto, nosotros mismos decidimos cuáles son las acciones para lograr nuestros objetivos; entonces, si estamos haciendo las cosas bien (las que están a nuestro alcance, acorde a nuestros principios morales y creencias) debemos tener fe en que alcanzaremos nuestras metas, confiar en nuestro propio trabajo y talento, es decir, tener seguridad en nuestros propios recursos.
    Aquí influye muchísimo la seguridad que tengamos en nosotros mismos, y si notamos que esto está faltando, es momento de hacer algo al respecto: estudiemos, formémonos, entrenémonos, entremos a terapia, lo que tengamos que hacer para fortalecer esa creencia en nosotros mismos.

    ¿Las cosas pueden ir mal? ¡Claro!, pero debemos estar convencidos que podremos salir de ellas, modificar el plan, empezar de nuevo si es necesario, pero nuestra convicción debe ser más fuerte. Creer en nosotros debe ser nuestro principal apoyo, además como nos centramos en lo positivo, conocemos que las cosas son temporales, tenemos buena compañía y hasta momentos de disfrute pleno, hacemos nuestra la convicción que los resultados serán positivos.
Tal vez esta sencilla recopilación en mi propia experiencia de ser optimista, funcione mejor para unos que otros, igual se trata de un proceso y ya es valioso comprender que podemos aprender a tener una percepción más positiva de las cosas si así lo decidimos, solo debemos trazar esas acciones y dedicarnos un poco. ¿Qué decides tu?

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