Conmigo o sin Mi – El maltrato ¿una especie de chantaje emocional?

Jose Daniel AguilarDestacados, Educación, Familia, Reflexiones0 Comments

Hace poco me encontraba por una calle de Caracas camino a un encuentro profesional, cuando de repente veo ante mí una escena que llamo mucho mi atención y que es el motivo de esta reflexión.

Iba un niño caminando junto a su madre en la misma dirección en la que yo iba, así que solo los veía de espalda. El niño estaba vestido con un kimono de karate, tendría unos 10 años, la madre llevaba en su mano izquierda un envase de agua y con la derecha intentaba sujetar la mano del niño. Él claramente no quería darle la mano pero la mamá se empeñaba en que se la diera, él se resistía con gran fuerza. Yo no entendía porqué lo tenía que sujetar para caminar una vereda de una calle poco transitada.

Lo impactante sucedió cuando la madre le suelta la mano bruscamente, le entrega el contenedor y le dice: si no me das la mano entonces vete tú solo. El niño se detuvo de un golpe, la miro asustado, negó con su cabeza y subió su mano izquierda para ofrecerla con mucho malestar. Cuando la madre lo toma él baja la mirada con amargura y decepción. Para ese momento yo estaba sobrepasándolos y seguí mi camino reflexionando:

¿Es necesario llegar al extremo del maltrato para que el  niño se someta a la voluntad del padre? ¿La voluntad de la madre, es absurda, un capricho sin sentido o está ajustada en un peligro real? – a mi parecer no lo estaba.  ¿Qué experimentó el niño cuando se tuvo que someter?

Acá recuerdo dos de los escritos de la psicoanalista Beatriz Janin (1987 y 1997), donde discute sobre el maltrato, sus clasificaciones y los efectos del mismo en la estructuración del sujeto. Al margen de caer en la redundancia de tipificarlos por su contenido y campo en maltratos: físicos, psicológicos, emocionales, sexuales, de patrimonio, etc. Esta psicoanalista plantea que en esencia se pueden clasificar en tres grandes ramas:

  1. Maltratos por exceso  (como los propios del abuso físico al golpear y pegar a un niño).
  2. Maltratos por defecto (propios de la negligencia, como pueden ser: ausencia de buenos o adecuados cuidados como alimentación y estimulación, ausencia de contactos amoroso y cariñoso, etc).
  3. También se encuentran los maltratos por agresión a los objetos ideales y de identificación (cuando se denigra y menosprecia, por parte de un sujeto significativo, aquellos objetos o personas que resultan importantes para el niño, ejemplo: cuando se le dice a una niña que quiere mucho a su padre que este último es un borracho y que no la quiere).

En el ejemplo que estoy señalando creo que puedo ubicar un poco de cada uno de estos. Por exceso cuando la madre ningunea bruscamente al niño y lo somete. Por defecto, cuando en su deseo de “protegerlo” (quizás tomarlo de la mano para evitar posibles peligros reales o fantaseados) le está quitando la posibilidad de manejarse con independencia y por ultimo un ataque a los objetos ideales de ese pequeño niño, cuando (en un caso hipotético) el niño se quiere sentir “grande” e “independiente” pero la madre lo somete.

Esto que puede ver son maltratos “muy ligeros” y ustedes pensaran que no representan gran daño para el niño, en efecto es así, no hubo una golpiza o maltrato excesivo pero lo que quiero plantear es otro posible efecto de estos al volverse persistentes en el tiempo.

Esa madre, sin darse cuenta y quizás con cierta inocencia, envía un mensaje: “lo haces como yo digo o no”- eso significa que: “pierdes mi cariño, mi atención y mi compañía”, es decir, la madre lo “chantajea” para que haga lo que ella dice. El niño posiblemente al verse en ese terrible escenario, decide someterse aunque no lo quiera, abandonando una parte de sus deseos para complacer al otro. Estos tipo de maltratos son los que con la presencia constante y el pasar de los años, horadan en el joven ser de este niño, un profundo sentimiento de que su deseo no vale dado que no es validado y, ademas, que lo tiene que abandonar para no ser abandonado. Posiblemente creando hombres serviles y temerosos de no plantear lo que quieren.

Quizás este malestar, para el niño de este caso, sea pasajero y no represente gran problema, esto solo puede ser así si la madre se dispone a validar en otros espacios los deseos, ideas y emociones del niño. Esperemos que esto sea así para él y que esa escena no sea solo una muestra atenuada de lo que pasa en la casa por el pudor de la madre por estar en público.

Quise traer este ejemplo a colación porque gran parte de las vivencias que me encuentro en pacientes adultos con trastornos serios en la expresión de sus afectos y en el establecimiento de vínculos, muchas veces redunda en la experiencia de poca validación por parte de sus padres o figuras significativas.

Para cerrar, recuerdo las palabras de Simone de Beauvoir al respecto:

“Los adultos son niños inflados por el tiempo”.

En este punto quisiera saber ¿Qué opinas tú de esto que he planteado? ¿Estás de acuerdo o que crees al respecto?

Estoy atento a sus comentarios.

Referencias:

JANIN, B. (1989) “Aportes para repensar la psicopatología de la infancia y la adolescencia.” Rev. Argentina de Psicología Nº40, A.P.B.A, Bs.As.

JANIN, B. (1997) Violencia y subjetividad. Rev Cuestiones de infancia, Nº 2. Bs. As.

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