Desde la perspectiva del paciente ¿Cómo manejar El o Los diagnósticos?

Jose Daniel AguilarClínica, Educación0 Comments

En un primer apartado desarrollé algunas ideas sobre ¿Qué es un diagnóstico? y ¿Qué ampliaciones tiene?, te invito a revisar ese artículo porque podría ayudar a ampliar algunas nociones acá presentadas.
    Recibir una noticia o confirmación de una enfermedad, sea ésta la que sea, vaya desde una simple micosis plantar hasta un cáncer de páncreas avanzado, pasando por un episodio depresivo u ansioso; siempre recibir un diagnóstico conlleva a una serie de procesos psicológicos complejos.
    Creo que lo más importante es poder identificar y tolerar que recibir un diagnóstico implica en sí un proceso de duelo con todos sus concomitantes comentos de negación, ira, depresión, aceptación y negociación. Emociones y estados que todos atravesamos cuando perdemos un objeto, una persona, una idea o cuando nos vemos forzados a renunciar a la idea de tener un cuerpo sano para empezar a entender que ahora podríamos tener un cuerpo que necesita ciertas condiciones especiales (medicina) para seguir funcionado.
    Se empieza a morir la idea de un cuerpo sano, con tales características para acercarnos a la idea de un cuerpo diferente. Realizar ese tránsito amerita tiempo y energía psíquica; es todo un proceso laborioso y complejo.
    Ahora, si bien es cierto que no todos los diagnósticos tienen el mismo impacto por los efectos o consecuencias reales respecto a interferencias en el funcionamiento diario; todos los diagnósticos implican realizar de una u otra manera un proceso de duelo, grande o pequeño pero es un duelo. Claro está, hay que evaluar otros factores: compromiso real y juicio social.
    Por ejemplo, una onicomicosis (hongo en las uñas) no representa un compromiso vital, es decir no es mortal, pero por ejemplo desde la perspectiva de algunos podría “verse feo”, entonces padecer una crónica onicomicosis implica tener que hacer un duelo y aceptar que ahora quizás no se quiera utilizar sandalias y mostrar las uñas libremente por temor a la crítica y pudor sino que ahora se optará por utilizar zapatos cerrados y no mostrar ese pequeño defecto.
    En este ejemplo muy vago, pasar de sandalias a zapatos cerrados podría representar un duelo, uno pequeño pero duelo al fin. Pero cuando el diagnóstico es de otra envergadura, llámese esto: cáncer, diabetes, hipertensión, VPH, VIH u otras, el impacto del nombre de la enfermedad tiene otra dimensión.
     A pesar de que ahora casi todas enfermedades son tratables y se cuenta con avances médicos que suponen una mejor sobrevida y extensión de la expectativa de vida, el solo nombre de ella provoca escozor o malestar en casi todas las personas. Pero ese malestar que se experimenta al recibir ese diagnóstico tiene que ver con las experiencias que la persona tenga en su historia con tal enfermedad.
      Por ejemplo, una persona a la que se diagnostica cáncer. Si esa persona tiene una historia familiar de cáncer y ha visto como sus abuelos y tíos han muerto de cáncer, agonizando y sufriendo inmensamente, quizás tienda a proyectar en su futuro la visión que tiene sobre esa enfermedad, por lo que ha vivido y entonces piense que el cáncer es solo malestar y sufrimiento inviable.
      Por otro lado, una persona que no tiene experiencia ninguna con el cáncer (por continuar con el ejemplo) quizás tienda a recibir el diagnóstico con más tranquilidad, sin tantas expectativas o también puede pasar que tienda a recibirlo con mucha angustia porque no sabe a qué se va a enfrentar, no sabe que es el cáncer y eso puede significar un cuarto oscura al cual se entra y que representa algo que no sabemos.

Estos ejemplos tratan de mostrar la gran cantidad de posibilidades de reacción que podemos tener frente a un diagnóstico y todas esas posibilidades dependen de nuestras experiencias previas y nuestro conocimiento de ese diagnóstico. Desde este punto se desprende el primer consejo sobre cómo enfrentarnos a un diagnóstico:
Conocer el diagnóstico y lo que podría ser la enfermedad. A mis pacientes siempre los invito a buscar información sobre su enfermedad, conocerla, por internet, libros, hablar con otras personas que la padezcan ¿qué hacen ellos?, ¿como la sobrellevan? Y sugiero que traigan esa información a las sesiones donde podamos compartirla, hablarla discutir sobre ella para aclarar conceptos y diferenciar lo real de lo que es la fantasía sobre esa enfermedad. Desde acá se desprende el consejo número dos:
Compartir las fantasías sobre el diagnóstico. Casi todas las sociedades generan ideas, fantasías, creencias, mitos sobre lo que significa un diagnóstico y la particular enfermedad a la que se refieren, parte del trabajo en psicoterapia es desmontar todas esas creencias y compararlas con la realidad, esto puede llevar por dos caminos adicionales, por un lado, la ilusión de poder vivir con la enfermedad y que esto tenga consecuencias mínimas en la vida, cosa que si se adapta a la realidad no es ilusión, es realidad. Y el otro camino es pasar por la desilusión de enfrentarse a una enfermedad que parece desbastadora y no plantearse esperanza, sueño, metas; esto es rendirse frente al diagnóstico, y muchas veces pasa hasta antes de enfrentarse a la batalla de la cura y, desde mi punto de vista, esto es lo peor que puede pasar, porque como pacientes renunciamos a la vida que nos queda y nos rendimos a algo que quizás no conocemos del todo.
Ahora, ¿Qué hacer cuando fantaseamos que un diagnóstico es sinónimo de muerte?
Esta pregunta es muy compleja porque tenemos que evaluar muchas cosas como: ¿es ese diagnóstico y esa enfermedad en realidad sinónimo de muerte? ¿Nos dejamos morir o tenemos algo por lo que seguir luchando? ¿En realidad queremos morir? ¿Qué significado le hemos dado a nuestra vida ahora que nos enfrentamos con la única certeza de la vida que es la muerte? Todos estamos atravesados por esta realidad, todos vamos a morir, pero no todos nos detenemos en el día para pensar en la posibilidad de morir, si fuese así, quizás viviríamos “muertos” de miedo y angustia y no podríamos vivir.
     Pero como dice Stefan Zweig (1881-1942) Escritor austriaco. “No basta con pensar en la muerte, sino que se debe tenerla siempre delante. Entonces la vida se hace más solemne, más importante, más fecunda y alegre”.
       Agradezco tus comentarios, sugerencias y opiniones.

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