Diversidad funcional: educarnos frente a la diferencia

Claudia MolinaDestacados, Educación, Sin Categoría0 Comments

Desde siempre ser diferente tiene un peso dentro de la sociedad. Ha estado relacionado a controversia y a extremistas posiciones existenciales.
    Exploremos algo de historia: Las más antiguas culturas tenían enfoques sociales basados en conceptos místicos, así entonces, la persona con algún órgano o parte del cuerpo que funcionara distinto a lo esperado, en una zona del mundo sería tratada como semejante a los dioses, mientras que, en otros lugares, sería altamente castigada con represalias dolorosas.
    En sociedades como la de Esparta, las personas con características físicas atípicas eran en el mismo momento del nacimiento condenadas a muerte en el famoso “Monte Taigeto”, por considerarlos miembros no válidos y pretender una mejora racial. Así también los indios Masai, prohibían la vida a los niños con alguna deformidad física, los Chagga de África Oriental utilizaban a las personas con alguna discapacidad para ahuyentar al demonio, los Jukun de Sudan consideraban que eran obra de los malos espíritus y los abandonaban para fallecer.
    Casos similares como los anteriores existieron en otros ámbitos culturales. “La diferencia” era concebida como castigo divino, asociada a fines malignos, por lo tanto debía a toda costa ser desterrada de la comunidad.
    En cambio en otras sociedades, como los hebreos, a pesar de mantener la creencia de la distinción física como pecado, daban un tratamiento distinto a las personas quienes lo manifestaban otorgándoles un lugar dentro de los asuntos religiosos. Así también el judaísmo, precursor del cristianismo, hizo que la atención a las personas con discapacidad fuese un deber, creando incluso lugares para brindar techo, comida y orientación espiritual.
     A principios del siglo XX, con los avances de las ciencias médicas y psiquiátricas, las diferencias físicas y/o mentales comenzaron a ser concebidas desde un origen biológico, es decir como condición de salud de la persona quien las manifestara. Sin embargo, este enfoque solo aportó valor para el resguardo de la vida, ya que los estatutos sociales no permitían abrirle un puesto digno en la comunidad sino todo lo contrario, no existía pena de muerte, pero el aislamiento al grupo social era tal, que la diversidad estaba relacionada con el ocultamiento.
    En la década de los años 70, con los movimientos sobre los derechos humanos, la igualdad y la libertad personal tomaron vigor dentro de cualquier estatuto u organización social. Con los esfuerzos de las ciencias, las “personas diferentes” aunque asiladas, sobrevivían y el enfoque médico entonces se especializó en la rehabilitación y recuperación de dichas personas, así se institucionaliza la educación especial como parte de algún tratamiento, lo que significa de una u otra forma un paso positivo hacia la integración a la sociedad.
    Definitivamente, ha existido una evolución positiva en el conocimiento y la concepción de la diferencia como cualidad inherente a la condición humana. Comenzaron a escucharse con más frecuencia términos como “discapacidad” o “minusvalía”, usados para referirse a las personas con alguna condición física distinta.
    Así también, algunos países de gran influencia mundial, iniciaron adaptaciones a sus ambientes públicos (plazas, sistema vial, instituciones, entre otros) y sus nuevas construcciones estuvieron adaptadas para recibir personas con discapacidad, sobre todo luego de las guerras ocurridas y los soldados quienes regresaban a casa con alguna limitación física.
    Aún hoy, las concepciones continúan modificándose, incluyendo la terminología y el marco legal formal en el cual se contemplan ciertas normativas. Ahora hablamos de “diversidad funcional”, para referirnos al ser humano que por alguna razón manifiesta alguna diferencia en el funcionamiento físico o mental.
    Según todos estos cambios sociales, además que estadisticamente hay una presencia importante de la diversidad funcional dentro de la población mundial,  debería ser tratado con la misma cotidianidad con que se tratan los cambios climáticos y los asuntos políticos en cualquier país, pues luego de tantas batallas sociales, de investigaciones y de la evolución cultural que hemos tenido, la diversidad funcional debería ser asumida como parte inamovible de las características de la sociedad, por lo tanto, contemplada en todos los sistemas legales vigentes.

    Por esto se hace casi inexplicable el saber que ha costado tanto para que algunos de nuestros países de adapten a tal realidad y tomen acciones para brindarle a todos los ciudadanos las mismas oportunidades para involucrarse y participar en la comunidad.
    Si hemos sido testigos de cambios, puede notarse en los puestos de estacionamiento y las rampas a las entradas de los establecimientos. Sin embargo, aquí surgen dos cuestionamientos importantes: El primero, basado en el hecho que el cambio significativo ha sido en los establecimientos privados, hasta ahora pocas instalaciones públicas han facilitado la restructuración de su infraestructura, ni el sistema vial ha sufrido alguna modificación para equiparar las oportunidades. Hace cuestionar sobre la validez y prioridad que el Estado le está dando a estas acciones.
    El segundo, es referido a la actitud del ciudadano frente a tales cambios. El establecimiento modifica, acondiciona y favorece a la diversidad funcional, pero el usuario usurpa las ventajas que no le corresponde. Claramente lo vemos cuando una persona toma un puesto en el estacionamiento que no está diseñado para él, cuando obstruye las rampas con objetos innecesarios y finalmente con su trato hacia la diversidad funcional.  Parece que nos empeñamos en etiquetar la discapacidad por encima de la persona y la sociedad olvida el valor intrínseco intelectual, emocional y social que puede aportar como cualquier otro ciudadano.
    El abordaje de la diversidad funcional debería tener un componente social poderoso.  El paradigma de la diferencia como parte formal del ser humano debería ir más allá de la medicina o la psicología. Aquí hablamos de valores que como personas debemos formar y propiciar en la integración saludable, si el camino es a través de unas normativas legales, hay un terreno ganado, pero definitivamente se deben tener respuestas más efectivas frente a la aceptación de todos los miembros de la sociedad. Educar y reeducar a nosotros mismos frente a la diversidad.

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