Efectos de la violencia

Jose Daniel AguilarClínica, Destacados, Educación0 Comments

En la consulta privada suele ser cada vez más frecuente la búsqueda de ayuda por motivos de violencia, por un lado están quienes buscan ayuda porque son víctimas real o fantaseada del ataque violento de otros, pero a su vez, he visto cada vez mayor incidencia de aquellas personas que consideran que presentan actos de violencia desproporcionados e inadecuados hacia otras personas y que les dificulta discriminar adecuadamente el origen del mismo así como sus desencadenantes.

Como acto, la violencia, al igual que otras vivencias, emociones y/o conductas como el amor, la euforia, la tristeza; atraviesan por completo la vida de todas las personas. En algún momento, todos vamos a estar expuestos, en mayor o menor grado, a actos de violencia ya sea en vivo, como la violencia intrafamiliar sufrida por padres abusadores o violencia sufrida por otro, como los padres maltratadores de vecinos o amigos o, aunque sea la violencia que vemos en televisión o en la radio.
Vivir en un mundo sin violencia como forma de expresión del malestar, actualmente parece ser una utopía supra idealizada.
Entonces, desde esta perspectiva todos estamos expuestos, en mayor o menor grado, a los efectos que el acto violento deja impreso en nuestra psique. Para empezar a estudiar este tema es siempre necesario realizar una evaluación conceptual del significado la violencia, así como según los últimos desarrollos en psicoterapia, como se debe abordar y entender tal situación.
Según una definición etimológica:
Violencia es una palabra cuya raíz se encuentra en el latín: “violentia” que se refiere a un tipo de interacción/relación entre sujetos (individuos o colectivos) que, de forma deliberada o intencional, amenazan con sometimiento y/o causar daño (verbal, psicológico, físico o sexual) a otro sujeto o grupo; de esto deviene una consecuencia de limitación en las potencialidades presentes o futuras del sujeto/objeto/grupo sobre el cual recae o hacia el cual está dirigido el acto, siendo la máxima expresión de la limitación la propia muerte.
Ahora bien, hasta ahora hemos planteado a la violencia como acto directo, es decir, acción, pero también hay otro tipo de violencia que es por inacción, está la llamamos negligencia. Si hablamos desde un punto de vista legal, los homicidios, por ejemplo, pueden ser calificados a partir de la intencionalidad del sujeto en homicidios doloso (cuando es intencional, con posible premeditación y alevosía), o también puede haber un homicidio culposo (cuando la muerte es causada por hechos o eventos accidentales, fortuitos o involuntarios, como consecuencia del proceder negligente).

La violencia también puede incluir: violencia patrimonial y económica, dado que en estos espacios también se puede causar lesión o daño en la dignidad, integridad y libertad del sujeto. Pero, estos últimos tipos de violencia, no son de la competencia de este artículo en cuestión.
Como se puede apreciar, en el primer concepto intervienen muchos factores, estos son: las cualidades del sujeto origen de la violencia, a su vez las cualidades del sujeto o grupo, objeto de la violencia o hacia el cual esta dirigida. Por otro lado se aprecian las cualidades del propio acto que son: violencia física, verbal, psicológica o sexual.
Pero al parecer todo esto confluye en que este acto tiene un efecto preponderante que es el de “limitar las potencialidades del otro”, siendo la máxima limitación la extinción de la vida o expresión del otro (la máxima castración).
Por otro lado, para poder evaluar de forma clínica los efectos de la violencia, se puede partir del esfuerzo de aclarar:
¿Entre quienes se da? ¿Son ambos adultos? ¿Se da de adultos hacia el niño o adolescente? ¿Son padres e hijos?¿Quién propicia el acto de violencia? ¿Con que factores se suele asociar la aparición del acto de violencia? ¿Los motivos son conscientes o inconscientes?¿Cómo es la frecuencia del acto? ¿Es todos los días, todas la semanas?¿Qué cualidad tiene el acto? ¿Es puramente psicológica, verbal, física, sexual o mixto?¿En qué circunstancia se da? ¿Es a nivel laboral, escolar o en el hogar?¿Qué efectos se aprecian en la persona que propicia el acto? ¿tiene una cualidad de descarga pulsional? ¿Cómo es el comportamiento posterior?¿Qué efectos evidentes quedan en la persona que recibe el acto? ¿Se inhibe en la expresión del propio malestar o surge luego una retaliación violencia? ¿Hay evidencia de agresión pasiva posterior al acto?¿Qué otras cualidades tiene el vínculo donde se está explorando el acto? ¿Fuera del maltrato hay una relaciona amorosa y de cuidado en cuestión?¿Influyen factores económicos, sociales, culturales? ¿Cuáles son?
Todas estas preguntas, en primera instancia parecen ser una avalancha apabullante de cuestionamientos que surgen para intentar entender el acto. Será cuestión del especialista, de su estilo personal, la forma en que busque a través de estos cuestionamientos intentar entender la situación para poder ofrecer una opinión lo más clara y precisa posible.
Si continuamos definiendo el acto de violencia como tal, nos encontramos con varias alusiones conceptuales:
En un primer momento la evaluación de los actos de violencia están enmarcadas dentro de las ideas morales y éticas de cada sociedad; de esta forma, que un acto se considere violento o no, depende de los juicios de atribución en términos de “Bueno – Malo”, que en base a los ideales, un individuo o colectivo haga sobre una vivencia. Por ejemplo, en la cultura occidental, cada vez más, el maltrato hacia la mujer es considerado un acto de violencia y es socialmente punible; en otras sociedades, por ejemplo árabe y algunas más orientales, el maltrato hacia la mujer es un acto perfectamente aceptable siempre y cuando existan las razones morales que den permiso al hombre para desencadenar el maltrato.
En este punto se puede correr el riesgo de caer en un cierto “relativismo” de la evaluación de la violencia. Sin embargo autores como Janin, Marcia y Bion ofrecen una visión psicoanalítica que promete facilitar la definición de la violencia y sus efectos. Marcia (2002) propone realizar una distinción entre agresividad y violencia tomando en cuenta el origen de la pulsión que mueve al acto y el fin de la misma.
La agresividad vislumbrar su principio en la pulsión de autoconservación, que promueve la protección de la vida del individuo y sus iguales y, por otro lado, en la defensa del territorio. Parece inscribir la autoafirmación, promover la expansión de los límites del yo partiendo de la identificación e integración de las pulsiones
Por el contrario, la violencia se enmarca en la pulsión de muerte como moción “desobjetalizante”, que tiende a la satisfacción del instinto de matar y por lo tanto al servicio del principio del placer, que asegura la poca efectividad del principio de realidad, tendiendo a fragmentar los principios de negación de parricidio.
De esta forma “La violencia es una consecuencia de la no-existencia del objeto en el campo de las representaciones mentales del sujeto” Marcias (2002) pp199.

Siguiendo esta línea de ideas, la agresión conlleva a la autoafirmación y establecimiento de límites necesarios para la supervivencia, mientras que la violencia apunta únicamente a la destrucción del otro, este ya no es visto como semejante, sino como un objeto pasivo, susceptible de aniquilación, devaluado y degradado.
Desde esta perspectiva se rompe la alteridad, el otro ya no es otro, es una cosa y como cosa su diferencia es poco apreciada.
Otros psicoanalistas plantean que: mientras más temprana en la historia de un adulto es la irrupción de los actos de violencia pura, menor es la posibilidad de elaboración simbólica a través del pensamiento y menores son los recurso yoicos con los que cuenta el niño (futuro adulto) para defenderse y elaborar relaciones estables y sanas.
De esta forma y siguiendo a Marcías (2002), la Violencia “favorece por consiguiente los procesos de desvinculación y de ruptura de los contenidos psíquicos, desarmando al sujeto de su capacidad de ser precisamente un sujeto de pensamiento”. El efecto de la violencia en el pensamiento es precisamente sobre esa función de unión, ligazón y creación que supone. La violencia destruye la capacidad asociativa, constructiva y creativa, conllevando a una insistente incapacidad para pensar, destruyendo así los propios procesos psíquicos de base.
Pero, por otro lado, no se debe confundir la ausencia de violencia con ausencia de frustración, el propio Bion, señala que para empezar a desarrollar el aparato para pensar es necesaria en la vida psíquica cierta dosis de insatisfacción y frustración; siendo el otro extremo (la completa satisfacción de los deseos y la descarga pulsional desmedida), también una limitante para el desarrollo del pensamiento.
Es decir que tanto la agresión verbal y física directa, como la satisfacción compulsiva de las demandas del bebe así como la supresión inmediata de sus necesidades, constituyen un ataque al desarrollo del aparato del pensamiento y una inhibición del desarrollo adecuado de todo el sistema psicológico.

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