El amor sin Romeo ni Julieta.

Claudia MolinaFamilia, Parejas0 Comments

     Existen demasiados escritos sobre el amor… filósofos, ilustres, poetas y hasta dramaturgos se han encargado a través de los años de darnos matices diferentes, casi como si el amor en realidad cambiara con el tiempo, pero siempre racionalizando cada detalle en el intento (para mi fallido) de poner en ecuaciones tangibles y transparentes a algo tan denso y visceral; y al final de cuentas han terminado en concepciones complejas, ambiguas, hasta trágicas, pero siempre racionales.
     El pensamiento griego clásico hablaba de un amor desde los impulsos carnales y la satisfacción de placeres, sin embargo Platón fue un poco más allá y en un continuo ascendente ubicaba al verdadero amor como el deseo reciproco entre dos personas al desarrollo intelectual, un estado de compartir e inspirar saberes; y aunque traspasaba totalmente la esfera sexual, otorgándole cierto rasgo de sublimación (verdadero concepto del amor platónico por cierto, del cual tanto hablan), seguía bajo la misma postura de esta cultura y tiempo, hablando de un amor originado en la necesidad, un anhelo de completar un vacío y conseguir su satisfacción, por ende todo el proceso consistía en la búsqueda de una mitad faltante.
      Sin duda esta es una de las creencias actuales de muchas personas: la existencia de una mitad perfecta que completa. Sin ánimos de refutar a ningún filósofo, ni juzgar a estas personas, pero esta postura existencial por entero es desdichada. Primero da por sentado que venimos al mundo con un vacío y segundo argumenta que necesitamos buscar otra persona que lo complete, creo que tan solo la búsqueda entre tantas mitades resulta extenuante y hasta amargo.
El amor que nace desde la necesidad emocional está destinado a vivir en tragedia. Si pretendo conseguir en otra persona lo que me hace falta para ser feliz, mi búsqueda puede ser demasiado larga, fatídica y dolorosa, sobre todo si enfrento al amor sin darme cuenta que pretendo conseguir en otro ser algo que ni siquiera le corresponde. Cuando vivo sin ver mis defectos, sin enfrentar mis vacíos, sin sentir mis miedos, sin tomar conciencia de lo que soy, estaré depositando en cada pareja que tenga la responsabilidad de tapar esos defectos, llenar esos vacíos, y desaparecer esos miedos… seguiré invadiendo o dejando ser invadida por otro. Es la condena de la dependencia, la toxicidad de los deseos posesivos, la melancolía de la siempre desdicha y la crítica de los amantes eternamente imperfectos.
Cuando me desligo del concepto absurdo de la “otra mitad”, me adueño de mis propias emociones, me hago responsable de mi felicidad y mi bienestar, me doy cuenta que las respuestas están en mi propio organismo, que las cargas emocionales que traigo debo resolverlas para no andárselas recostando a alguien más; me convierto en un ser completo, puede que siga imperfecto, pero ciertamente humano y sano. Cuando consigo mi propia paz y conozco mis debilidades, asi también mis grandes fortalezas, es entonces cuando soy capaz de compartir mi vida con otro ser, y el amor, no se origina en mi necesidad, sino en mi abundancia, en mi riqueza, en mi armonía.

Ahora bien, el pasar de las épocas también nos ofreció otros conceptos. La visión medieval por ejemplo, propone acepciones de influencias profundamente religiosas (como es de imaginarse para la época); y la concepción, haciendo analogía con el amor de Dios hacia los hombres (puro, pleno, perfecto), atribuye la negación de las propias necesidades en el intento de entregar la satisfacción a los intereses del otro (a quien se ama), es entonces cuando nace el clásico amor cortés, aquel que profesaba el caballero siempre sometido a su dama, como vasallo a amo, en servicio abnegado, desinteresado y de entrega total. Asi la mujer amada, completamente idealizada y en ocasiones imposible de alcanzar, impulsaba al caballero a todo tipo de acciones en la búsqueda de someter su propio placer por cumplir los de ella, solo asi daba nobleza y gracia al hombre.
     De aquí surge otra de las creencias actuales: el deber de someter mis deseos a los del otro para sentirme digno de su amor. Aquí nos quedamos con una forma de amar que no tiene exigencias, ni siquiera demanda ser correspondida, una forma en mi opinión demasiado trágica, vivir en vasallaje no solo anula el propio ser también seria completamente agotador.
El amor que nace desde el vasallaje, está destinado a traer solo desdicha. Renunciar a mi sentir o a mi placer, restringir mis gustos o mis intereses, ignorar mis deseos o mis metas, por complacer y servir de manera exclusiva a las del otro; sencillamente termina anulándome, y si encuentra alguna forma de sostenerse, solo será a expensas de minimizar, desgastar y agotar.
     En cambio, amar conociendo tanto mis virtudes como mis carencias, haciéndome responsables de ellas, me permite vivir un amor más pleno y real; ese verdadero amor desinteresado y de inspiración reciproca al bienestar y la prosperidad. Pues cuando reconozco mis necesidades y me permito vivir mis emociones, puedo amar interesada en satisfacer los placeres del otro, sin anular los míos, es decir, construyo una vida de placeres compartidos, de equilibrio y de metas en común.
       Amar validando mi propio sentir, amar decidiendo actuar por lo que yo siento y no por lo que yo debo, amar y entregar lo que yo quiero entregar y no lo que está exigido, me libera de ataduras psicológicas, me desprende de resentimientos, me disuelve las amarguras, me tranquiliza las expectativas, me hace sentir auténtica, y sobre todo en paz.
     Reconozcamos nuestras riquezas y también nuestras carencias, evaluemos nuestras demandas y el origen de nuestras entregas. Date cuenta desde donde estás amando, encárgate de tu necesidad, comparte tu abundancia. Y ten en mente, como diria Pau Danés que”Romeo y Julieta no eran de este planeta”.
“ Yo soy Yo… Tú eres Tú Yo no estoy en este mundo para cumplir tus expectativas Tú no estás en este mundo para cumplir las mías. Tú eres Tú… Yo soy Yo. Si en algún momento o en algún punto nos encontramos Será maravilloso Si no, no puede remediarse. Falto de amor a Mí mismo Cuando en el intento de complacerte me traiciono. Falto de amor a Ti Cuando intento que seas como yo quiero En vez de aceptarte como realmente eres. Tú eres Tú y Yo soy Yo”
Fritz Perls
Consigue más datos interesantes:
– El Banquete. Relatos de Platón.

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