¿Estoy Triste o Deprimido? Diferencias fundamentales entre depresión, tristeza y solo decaimiento.

Jose Daniel AguilarClínica, Destacados, Educación0 Comments

Muchas veces en mi práctica clínica me he encontrado con personas que, en algunos momentos, no saben diferenciar bien que estas sintiendo y muchas veces llegan a señalar cosas como: “doctor, estoy muy deprimido, esta situación me tiene muy mal”, “me provoca como morirme de la vergüenza”.

Estas declaraciones pueden “encender las alarmas” de preocupación de cualquier persona, pero creo que resulta importante empezar a diferenciar en qué consisten estos tres estados para así, definir cuando nos tenemos que preocupar por la posibilidad de una enfermedad mental grave y cuando estamos frente un cuadro de malestar emocional leve.

Para empezar, es importante reconocer cuan permanente, o estable en el tiempo, se vuelve el cambio emocional. Por ejemplo, una persona que pierde a un ser querido, ya sea por su muerte o por separación y distancia; es normal, que esta persona pueda sentir tristeza, acompañada de la sensación de extrañeza o deseos de estar con la persona que se fue; esta tristeza puede ser en unos momentos del día muy intensa, pero en otros momentos se torna más tolerable y la persona puede hacer su vida casi normal. Cuando la tristeza no es patológica, suele ir mejorando con el pasar del tiempo y quizás, al cabo de tres meses (o menos), la persona ha recuperado gran parte del bienes que le caracterizaba antes de la pérdida o el evento que la causó.

Es decir, es una tristeza que genera malestar, pero que puede ser fluctuante o va mejorando con el pasar del tiempo.

La tristeza pasa a ser patológica, cuando va incrementando en intensidad y no mejora con el pasar del tiempo. Podemos pensar en una persona que ante una pérdida de un ser querido, empieza poco a poco a dejar de tener ánimos o energías para trabajar, luego se agrava y deja que querer cuidar de su propio bienestar, deja de hacer cosas que antes le gustaba hacer y empieza a tener cambios marcados y duraderos en sus hábitos de alimentación y sueño, es decir, empieza a ganar o perder peso y presenta mucha somnolencia o puede dejar de dormir “lo normal”.

Acá se puede ver como la tristeza se va agravando y su vez, va desmejorando la calidad de vida de la persona en la medida que transcurre el tiempo.

Según el DSM-5 y también según la Clasificación internacional de las enfermedades mentales (CIE-10), se considera un episodio depresivo cuando la tristeza tiene una duración de más de 15 días continuos, sin mejoría y generalmente con agravamiento, que aparecen también en concomitancia a alteración de los hábitos del sueño y alimentación, sentimientos de culpabilidad o inutilidad, dificultad para concentrarse y tomar decisiones, anhedonia (que es: dejar de disfrutar las cosas que antes se disfrutaban) y abulia (que es: disminución o falta de la capacidad de hacer las cosas que antes se hacían). Todos estos síntomas se consideran que pertenecen a una depresión  grave cuando están acompañados de: ideas de muerte, intentos suicidas, alucinaciones o ideas delirantes.  Estos últimos conllevan a una hospitalización inmediata para preservar la vida y seguridad del paciente.

El decaimiento, por otro lado, suele ser una sensación corporal poco diferenciada, algo así como una mezcla entre cansancio y falta de energía que no está asociada al agotamiento luego de un sobre esfuerzo físico y que, a veces, se asocia a una emoción. Cuando este decaimiento está acompañado de una tristeza intensa, podemos estar hablando de apatía y subsecuentemente de abulia.

Cuando comprendemos todo esto, parece un poco más difícil confundir una tristeza normal con una tristeza que realmente pertenece a una enfermedad mental. Así, cuando estamos frente a una alteración de nuestro ánimo y vemos que se nos hace muy difícil salir de esta situación emocional por nuestra propia cuenta y, además, sentimos que cada vez nos estamos sintiendo peor y dejamos de hace las cosas que antes hacíamos, entonces probablemente estamos hablando de un episodio depresivo.

En este momento, es entonces preciso considerar la búsqueda de asistencia especializada para ayudar diferenciar lo que nos está pasando, sobre llevar la situación y en dado caso, recibir tratamiento que nos evite desembocar en un malestar emocional mucho más intenso, donde se puede poner en riesgo nuestra seguridad y nuestra vida.

Recordemos:

“Lo más triste que le puede pasar a un ser humano, es sentirse vacío teniéndolo todo”.

 

Referencias:

  1. American psychiatric association (2014). Diagnostic and statistical manual of mental disorders 5 (DSM-5), Washington, D.C.
  2. r. (1987) psicopatología y semiología psiquiátrica. escuela de psicología, universidad católica de chile. santiago, chile.
  3. Collazo, megale y soria, (2005). El dolor de la depresión. http://www.goodreads.com/book/show/10616755-el-dolor-de-la-depresi-n

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