Hijos Delincuentes igual a Madres Víctimas o ¿al revés? Ideas sobre una observación casual.

Jose Daniel AguilarClínica, Destacados, Familia, Reflexiones0 Comments

    En este artículo pretendo plasmar un par de ideas que empecé a desarrollar a partir de una observación casual cuando iba camino al trabajo. Primero voy a relatar lo que vi para que tengan un panorama claro del tiempo y el lugar en donde se gestaron estas ideas y mas allá, realmente usare este relato para darle basamento a algunas ideas teóricas que tengo.
    Hace un par de días iba camino a mi trabajo. Para llegar al hospital donde trabajo en las mañanas tengo que tomar un transporte público que me deja a escasos metros de la entrada; este transporte es muy concurrido por gente que vive por la zona, trabajadores, amas de casa, otros trabajadores del hospital y pacientes del hospital.  Es decir, es un transporte donde se pueden ver muchas personas, actitudes y cosas diferentes.
    Esa mañana, venía detrás de mí una madre con su hijo. Esta señora, me impresiona, se aproximada a los 40 años de edad y su hijo era un varón atlético que rondaba los 10 u 11 años de edad, de piel morena clara los dos, con cabellos castaño oscuro, él un poco delgado, ella regordeta.
    Ella se sube primera al auto, deja poco espacio en la puerta para que suba el joven, se arrima un poco y hace espacio para que él suba. Él la mira con rabia desde afuera del auto, le grita que no desea subir, ella le dice que hay suficiente espacio y él le dice que no; ella baja la mirada, suspira y voltea la mirada hacia otro lado, como intentando restar importancia a lo acontecido.

      Pasan unos minutos; llega otro pasajero, el joven aun no se ha montado en el auto y la madre lo mira y le pide que suba, ella usa una voz baja y cansada, él también mira con rabia al pasajero que está detrás de él; Hace una mueca con los ojos como quien se siente obligado a hacer algo indeseable y accede a montarse en el transporte. La madre hace un espacio para que él lo ocupe, él decide sentarse a dos asientos de distancia.
      Él saca un celular de su bolsillo empieza a teclear algo y de repente le grita a la madre y dice: “toma, ya esto no tiene batería”. Ella agarra el celular con resignación y baja la mirada.
     Durante todo este evento, casi todos los demás pasajeros estábamos como espectadores de lo que sucedía, algunos realizaban cruces de miradas que yo pude interpretar como comunicadoras de descalificación hacia el comportamiento del joven. Minutos después arranca el automóvil y continúo el día. Hasta acá el relato.
      Mientras observaba todo lo sucedido se me venían a la mente varias preguntas como: ¿Dónde está el padre de este joven? ¿Qué le pasa a esta madre que parece no responder a las agresiones del chico? ¿Será que paso algo hace poco y él generalmente no es así? ¿Por qué la gente parece descalificar la actitud y la conducta de rabia y molestia de este joven? ¿La madre se sentirá agredida? Todas estas son preguntas que empecé a pensar, pero dudo tener los elementos necesarios para responderlas, además como estas personas no son mis pacientes, tampoco puedo conocer mucho, quizás no los vuelva a ver y estas preguntas queden sin respuesta; pero, esto no me impide seguir pensando en lo sucedido y poder formar ideas de lo que pasa en ese dueto.
       Una de las primeras ideas que se me vienen a la mente es la siguiente: “Si este joven no respeta a su madre, le grita y maltrata, lo más probable es que siga teniendo este tipo de conductas, mas aun con personas que NO son “figuras de autoridad” para él”. Es decir, en ese momento pensé si es posible que este joven sea un próximo delincuente. Quiero destacar acá algo, mi intención no es criticar, calificar y mucho menos hacer un prejuicio de lo que vi. No digo que estas sean conductas propias de un próximo delincuente; todos en algún momento nos hemos molestado con nuestros padres y hemos hecho o dicho cosas que pudieron ser hirientes, pero eso no significa que no sintamos remordimiento o que seamos incapaces de reparar lo que hicimos y seamos delincuentes.
      Yo no sé si este joven ese día estaba “de malas” y realmente él es un joven cariñoso y amable, por eso recalco: voy a desarrollar mis ideas en base a lo poco que vi. Más claro aun, quiero usar esta imagen, este ejemplo para comentar unas ideas teóricas que tengo.

    La primera está relacionada con el concepto de “Madre Esquizofrenizante” [F. Fromm-Reichmann (1960) desarrollado más adelante por Bateson (1999) en su teoría del doble vinculo]. Plantea que puede haber un “tipo de madres” que son frías, dominantes, lejanas afectivamente  que promueven un desarrollo no sano en sus hijos; estas madres tienden a ser madres que ofrecen mensajes vagos y ambivalentes, dejando al niño atrapado en una maraña de confusión y angustia. Este concepto fue desarrollado con la intención de ofrecer una explicación psicogenética al desarrollo de la esquizofrenia; hoy día sabemos que para el desarrollo de la enfermedad influye de manera predominante la carga genética pero también factores ambientales y familiares.
      De este primer concepto yo me pregunto si podría desprenderse, como un derivado, el concepto de “Madres Delincuenciantes” (Esta palabra no existe, es un Neologismo  con fines ilustrativos); este concepto estaría relacionado, desde mi punto de vista, con aquella madre que promueve en sus hijos, de manera consciente o inconsciente, una conducta delictiva y punible socialmente.
    Hasta el momento se reconoce que en el desarrollo de los trastornos de personalidad Disocial y Antisocial está influenciado por una variedad de factores. Nuevamente los componentes genéticos toman gran relevancia, aunque también suele darse mucha importancia al entorno familiar, social y cultural así como a la comorbilidad con trastorno por consumo de sustancia. Por otro lado, actualmente las investigaciones en este ámbito se orientan al descubrimiento de procesos químicos anormales en el sistema nervioso y posibles daños en las partes del cerebro que atañen a la toma de decisiones que pueden llegar a despertar un comportamiento impulsivo y agresivo.
    Frente a esta realidad investigativa y empírica, desde mi punto de vista, la comprensión psico-dinámica de estos trastornos no pierde valor, mas aun creo que incremente el radio de acción de terapias o tratamiento no psicológicos.
     Pero desde la óptica psicológica, se me ocurre otra idea para empezar a pensar el problema de las conductas inadecuadas, retomando el caso de este joven que observe en el transporte público.
     La “Segunda Idea” viene desde la teoría de las relaciones objetales. Parte de las explicaciones actuales tiene que ver con la ausencia de otro objeto que se imponga como ley, es decir como regla, que debe ser introyectada por la persona para que pase a ser un componente de su psique; es decir objeto psíquico pero no integrado al yo.
     Popularmente se tiende a pensar que a los niños problemáticos con posibles conductas delictivas “les hace falta cuero”, “lo que necesitan es un ´padre´ que le dé correazos y que le diga cómo se hacen las cosas y que debe respetar a sus mayores”. Muchas veces es así; en mi experiencia me ha toca atender adolescentes donde la figura paterna está ausente por diferentes motivos, entonces ese elemento regulador, de imposición de ley pero también  de protección y seguridad no está, queda vacio y la madre con el joven o el niño tiene que ver cómo se las arregla para seguir adelante. Muchas veces he visto que estas madres no tienen los recursos necesarios para alimentar a sus hijos y alimentarse a sí mismas, para trabajar, pagar estudios, educar, sostener, contener, dirigir. Es un vacio muy grande que queda cuando el padre no está o no ocupa el rol que le corresponde.
      Pero también he llegado a pensar que hay madres que aún disponiendo o no de todo esto hacen cosas que promueven rabia y frustración en sus hijos y estos terminan actuando conductas socialmente reprochables. Yo me pregunto si esto es lo que pasa con el joven del relato.
     También me ha tocado ver a varias madres que son víctimas de violencia física y psicológica, por parte de sus parejas, familias y compañeros de trabajo. A estas madres muchas veces se les hace difícil salir de ese círculo vicioso de la violencia y, cuando logran salir de una pareja o esposo maltratador, parece que inconscientemente se ven arrastradas a buscar otro hombre maltratador para seguir en el “juego”.
La pregunta que viene a mi mente en este momento es:
¿Será que una madre identificada con un objeto devaluado, víctima de la
agresión de los demás, promueve en sus hijos conductas agresividad y de descalificación para seguir con el mismo patrón?
¿Será que los hijos de madres agredidas tienden a actuar conductas agresivas y posiblemente delictivas cuando se identifican con los objetos maltratadores proyectados por estas madres?

     Parece que en el relato que describí la madre no tiene la fuerza o los recursos psíquicos suficientes para contener, tolerar y dirigir la agresión de este joven; más bien parece sufrirla pasivamente, mirando hacia abajo o volteando la mirada, ocupando el lugar de victima frente a todos los demás espectadores.
      Nuevamente digo, esta es una imagen parcial. Yo no conozco a estas personas, no sé si son pacientes del hospital o son una familia “normal” que simplemente tiene una mala mañana. Pero quería compartir mis ideas utilizando esta imagen, abriendo una invitación a una discusión sobre este tema que todos vemos y vivimos día a día. Agradezco sus críticas, observaciones y comentarios.
Imagen 1: Los olvidados. Fotografía: Gabriel Figueroa. Mexico. 1950.
Imagen 2: Ocaso, Madre e Hijo. Revista Eme 2014.
Referencias:
Bateson, G. (1999) Steps to Ecology of Mind, Chicago, U.P
Frieda Fromm-Reichmann, "Principles of Intensive Psychotherapy" (University Of Chicago Press, 1960)
Millon, Theodore (2002). Psychopathy: Antisocial, Criminal, and Violent Behavior. Guidford Press.
Segal, Hanna (1965 (2002)). Introducción a la obra de Melanie Klein. Traducción: Hebe Friedenthal. Barcelona: Editorial Paidós.

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