“La mejor época de mi vida” o ¿La crisis de los 40?

Vanessa González RicoClínica, Destacados, Educación0 Comments

¿Qué sentimos los individuos ante el hecho irreparable
de encontrarnos en la madurez?
A lo largo del tiempo en diferentes estudios, psicólogos e investigadores no hemos coincidido si es una etapa y época de nueva realización, de liderazgo y estabilidad o un período de insatisfacción y crisis interna. En mi opinión pueden influir diferentes elementos, como las condiciones económicas, los tiempos en los que nos ha tocado vivir, la salud, clase social, entre otros.
    Históricamente llegar a mediana edad, en culturas más antiguas, como la hebrea, era casi llegar a la adultez, es decir, alguien de menos de 40 años era considerado “un joven”. Por supuesto que en estas culturas la expectativa de vida era mayor. También podríamos hacer referencia al período de la edad Media en nuestra historia; donde los relatos y la literatura nos hace pensar que la expectativa de vida era menor que la conocida actualmente. Las condiciones de vida, de salubridad, alimentación, la ciencia, guerras, entre otros factores hacía que los jóvenes de 15 años ya fuesen considerados como hombres para la guerra, los ancianos eran de 50 años, por ejemplo. Entonces la mediana edad, es algo relativo, y que depende de muchos factores tanto externos como internos.
    Muchos se percatan que la juventud y el hecho de “ser jóvenes” ha quedado atrás y sin embargo se sienten plenos, satisfechos y se encuentran en la mejor época de su vida. Los conocimientos de sí mismos y del entorno les permiten dirigir su vida y sus circunstancias de la manera que siempre soñó. Puede tomar decisiones con facilidad y seguridad en sí mismo, lo cual antes en algunas circunstancias estaba fuera de su alcance y visión.
    Otro grupo de personas por el contrario, no toman decisiones correctas, e incluso creen no poder controlar y manejar su vida y mucho menos la de otros que quizás estén a su cargo. Pareciera estar esto asociado a una pérdida de vitalidad de los 40. Este período se puede caracterizar por el deterioro de la actividad, cuyo inicio más o menos se ubica en los 45 a 50 años. Suele estar marcado por crisis psíquicas y biológicas (por ejemplo el climaterio del hombre y la mujer). Es por esto que entrar en la edad adulta puede considerarse una transición y no necesariamente una crisis. Entendamos también que los períodos de cambios siempre vienen acompañados de cosas nuevas y desconocidas, rechazo, nuevos desafíos, es decir, lo que algunos pueden utilizar como una plataforma para su realización personal, espiritual, profesional, física; para otros puede resultar una gran crisis de la cual parecieran no poder salir.

    Cytrymbaum y sus colegas (1980) ven la transición como “un cambio o una etapa, un período de desarrollo a otro. Esta transición viene acompañada de stress, y puede ser dolorosa desde el punto de vista psicológico” según las afirmaciones de estos especialistas.
   La pregunta que nos hacemos hoy es la siguiente: ¿cómo estamos viviendo la adultez? ¿Es un período de crecimiento, es la mejor época de nuestras vidas? O por el contrario, ¿consideramos que empezamos a vivir la crisis de los 40?
    Quiero presentar algunas herramientas para fomentar capacidades adaptativas que te permitan ser capaz de hacer frente a los procesos del desarrollo propios de la segunda mitad de la vida.
Ocúpese de sus planes, proyectos y metas en la vida. Muchos de nosotros no hemos tenido la oportunidad de dedicar tiempo a las cosas que verdaderamente nos apasionan, los sueños que nos trazamos de niños, o de jóvenes. Hemos dejado a un lado esos anhelos por ocuparnos del día a día, pagar cuentas, quizá laborar en un empleo que no nos satisface. Vuelva a trazar un mapa que lo conduzca a concretar esas metas que tanto desea lograr.
Cambie hábitos dañinos por otros más saludables. Por ejemplo: cultive la disciplina del ejercicio, abandone aquellas cosas que a sabiendas hacen daño a su salud, pero las sigue practicando. Ejercite cuerpo y mente.
Dedique tiempo de calidad a sus seres queridos. Familia y amigos, son las personas que por una razón u otra siempre han estado allí y por miles de ocupaciones es muy probable que hayamos dejado de lado el hecho de compartir verdaderos momentos significativos con ellos.
Ponga mayor atención en su aspecto físico: No podemos cambiar muchas cosas de nuestro ser exterior, sin embargo, hay millones de casos documentados o no, donde personas que se han esforzado en mejorar sus hábitos alimenticios y de salud, han logrado cambiar positivamente la manera como se ven a sí mismos y como otros lo perciben.
Ocúpese de su yo interno: El ser humano no sólo posee cuerpo, sino que también está conformado por su ser interior, emociones, psique, espíritu. Busque conectarse con ese ser interior. Procure indagar más sobre el propósito de su vida. Busque la verdad más allá de lo que podemos ver con nuestros ojos físicos. Si ya es creyente, ¡afiance su fe! ¡Fortalezca ese espíritu!
Referencias:
Midlife development: “a personality and social systems perspective”. Cytrymbaum y otros. 1980.

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