La Psico-Ortopedia. ¿Es el papel de lo moral influyente en la psicología?

Jose Daniel AguilarClínica, Reflexiones0 Comments

    En mi artículo anterior: “¿Sabes cuándo debes ir al psicólogo?”; hablé sobre cuáles son los aspectos generales que se deben tener en cuenta cuando una persona se encuentra en la búsqueda de ayuda psicoterapéutica. Por otro lado, también aborde algunas ideas tradicionales que los terapeutas deben enfocar cuando se atienda a un paciente. Entre esas ideas se encuentran las funciones del psicoterapeuta que resumo como:
Función de Psico-educación,  Función Psicoterapéutica propiamente dicha
y Función Ortopédica.
    En este articulo intento explicar un poco más a fondo mis ideas sobre la función ortopédica y sus implicaciones en el desarrollo terapéutico de la psicología y la psiquiatría clínica actual.
     Antes de abordar el tema en el campo psicológico, creo que es necesario re-definir que es la Ortopedia desde el punto de vista etimológico. En el Diccionario de la Real Academia Española se define como el “Arte de corregir o de evitar las deformidades del cuerpo humano, por medio de ejercicios corporales, ciertos aparatos o procedimiento quirúrgicos”. Esta palabra deriva de la raíces griegas: “orto-“ (Recto, Derecho) y  “παιδεία” (educación, en el sentido de corrección corporal).
Se puede plantear que esta palabra encierra dos ideas principales, la primera es que supone la existencia de algo correcto, ideal, esperado, que refleja el cómo deberían ser las cosas. Por otro lado, se encuentra la idea de esto ideal aplicado a la posición del cuerpo, esto es: la ortopedia define la forma correcta de la estructura del hueso que deriva en la forma correcta de moverse, caminar, respirar, etc.
    Como se puede identificar, parece que esta palabra es de aplicación y de implicaciones prácticas; la ortopedia es una rama de la medicina actual que es practicas y que busca soluciones viables y eficaces al padecimiento humano.
    Por otro lado, en el transcurso del forjamiento de la psicología como cuerpo de conocimiento que estudia la mente humana, ha sido inevitable utilizar conceptos y palabras que definen objetos y funciones visibles (físicas) para explicar ciertas nociones psicológicas. Es decir, se usan las palabras como: equilibrio, sinergia, homeostasis, deflexión, proyección, etc., como modelos “metafórico” de lo que creemos ocurren en la mente. Por eso el uso de la idea de “ortopedia” psicológica no parece tan descabellado.  Pero creo que es apropiado profundizar en lo que significa esto.
    En el campo psicológico, como lo señala el  Dr. Romulo Lander, se denomina Orto-Pedia a la función terapéutica de promover el “correcto funcionamiento” del  psiquismo y la conducta. Como lo señalé en el apartado anterior, por correcto funcionamiento se entiende “la manera adecuada de procesar la información, de tolerar la frustración, de expresar las emociones, etc”.

    Cuando me encontré con este concepto en el transcurso de mi especialización me hizo bastante ruido y empecé a preguntarme ¿cuáles eran los alcances de eso “correcto” que se supone, yo en la función de terapeuta, debo promover en el otro? Esta pregunta me llevo a cuestionarme si lo moral, es decir mi moral (lo que yo he aprendido durante toda mi vida en la relación con los otros) era lo correcto. ¿Esto quiere decir que como ayudante de otros, tengo la oportunidad de “corregirlos” cuando su moral no concuerda con la mía?, ¿la idea de lo correcto apuntaba a lo moral o a otra cosa? Esta pregunta me parece muy complicada y aún me retumba en la cabeza. Tanto le he dado vueltas y vueltas al asunto que creo haberlo resuelto de una manera quizás simple para algunos.
   Estudiando un poco sobre neuropsicología, los procesos de atención, concentración, memoria y funciones ejecutivas, noté que para casi todas estas áreas del funcionamiento psicológico se habían desarrollados test para medirlos, evaluarlos, precisar cómo funcionaban en una persona en comparación con otras. Entonces, se me ocurre pensar que esto de lo “ortopédico” quizás esté relacionado con la rehabilitación cognitiva, comprendiendo que esta es “un método terapéutico destinado a mejorar o compensar los déficits neurocognitivos producidos por procesos que afectan el normal funcionamiento cerebral”.

    Es decir, se plantea la concepción de procesos normales teniendo en mente la Campana de Gauss y, todos aquellos procesos que no estén dentro de la norma son, por definición, anormales. Pero nótese que acá me refiero a procesos psicológicos evaluables, cuantificables, es decir psicométricos y esto excluye contenidos psicológicos que son individuales y depende de la humanidad e historia de cada uno.
    Si continuamos por esta senda de ideas, nos podemos imaginar a los hombres como una serie de computadoras, por ejemplo, todas iguales, con los mismos procesadores, misma memoria RAM, misma pantalla pero con contenidos diferentes; en unas hay recuerdos de infancia agradables, en otras fotos de la guerra, en otras violaciones, etc. Pero algo me dice que la humanidad y el fenómeno psíquico en su complejidad son algo más que esto. Quizás la metáfora de la computadora humanada, todos con diferentes capacidades y a la vez con diferentes contenidos es lo que nos hace humanos.
    En este sentido, querer “corregir” o, quizás siendo un poco eufemista, querer “ayudar” a otros respecto a sus funciones psicológicas es viable, pero no lo es cuando se intentan corregir o cambiar a otros para que piensen e interpreten sus propios contenidos psicológicos de una determinada manera influidos por nuestra propia moral.
    Desde mi experiencia en psicoterapia, no solo se trata de una psico-ortopedia de las funciones psíquicas sino también muchas veces de invitar al paciente a realizar una reinterpretación de lo que le pasó, esto no es “corregir” algo que está funcionando mal, pero esto sí es estimular a tener una interpretación más acorde con su realidad personal actual, quizás ampliando por si mismo el panorama sobre lo que ocurrió o lo que ocurre.  Esto no es atar al paciente a nuestros conceptos morales sino más bien es liberarlo de los suyos propios, haciéndolo cuestionarse su moral que quizás a veces aprisiona sus deseos inconscientes.
“La ciencia moderna aún no ha producido un medicamento tranquilizador tan eficaz como lo son unas pocas palabras bondadosas”.
Sigmund Freud. (1856-1939).

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