Los ángulos de la Familia

Vanessa González RicoClínica, Educación, Familia0 Comments

Cada vez se hace más difícil y compleja la misión de ser padres en la sociedad actual, incluso para quienes todavía no han constituido nuevos hogares o desean incorporar el ejercicio de la función parental dentro de su proyecto de vida personal y común o colectivo entre pareja.
     Estudios realizados, reafirman la importancia del papel socializante que cumple la familia, sean cuales sean sus principios internos de organización jerárquica, modos de estructuración, interacciones y ejercicios de roles, direccionalidad familiar, relaciones de poder y dinámica socio-afectiva entre sus miembros. La familia ha sido y continuará siendo un tema de gran interés para distintas disciplinas cuyo objetivo central consiste en aproximarse cada vez más a una comprensión holística, sistémica y multiparadigmática acerca de los seres humanos.
     La familia es un conjunto organizado e interdependiente de personas en constante interacción, que se regula por unas reglas y por funciones dinámicas que existen entre sí y con el exterior, según Minuchín (1986). A partir del enfoque sistémico los estudios de familia se basan, no tanto en los rasgos de personalidad de sus miembros, como características estables temporales y situacionalmente, sino más bien en el conocimiento de la familia, como un grupo con una identidad propia y como escenario en el que tienen lugar un amplio entramado de relaciones. Esta definición de familia supone un gran avance para el estudio de la organización familiar, y de ella se extraen las características del sistema -conjunto, estructura, personas, interacción- y otras atribuibles a los sistemas sociales -abierto, propositivo, complejo-, además de las características específicas del sistema familiar -intergeneracional, larga duración, facilitador del desarrollo personal y social de sus miembros-.
     En primer lugar, la familia se puede considerar como un sistema en constante transformación, lo que significa que es capaz de adaptarse a las exigencias del desarrollo individual de sus miembros y a las exigencias del entorno; esta adaptación asegura la continuidad y a la vez el crecimiento psicosocial de los miembros, si bien es un proceso que ocurre debido al equilibrio entre las dos fuerzas que prevalecen en todo sistema: por un lado la tendencia hacia la homeostasis o morfostasis, es decir la tendencia a mantener estable el sistema adaptándose a los cambios, y por otro, la capacidad de desarrollo y de cambio, o morfogénesis (Ochoa de Alda, 1995), entendida como transformación, propia de algunos organismos, como es el caso de esta especie. Las fuerzas que empujan al cambio provienen de los propios miembros de la familia, de los sistemas con los que la familia interactúa (mesosistema) y del propio macrosistema donde se enmarca la familia.
         No obstante, no se puede obviar dos aspectos básicos en esta concepción aplicada a la familia. Por una parte, que los cambios o transformaciones, por lo general, suelen comenzar produciéndose desde los elementos más externos del sistema, mostrando más resistencia al cambio a medida que nos acercamos al núcleo del mismo. Ello es debido a que los elementos más periféricos y recientes suelen ser más vulnerables e influenciables por otros sistemas, a la vez que manifiestan una mayor predisposición al cambio y por tanto a la intervención. Por el contrario, los elementos internos, que suelen coincidir con los primigenios del sistema, suelen estar más protegidos de las influencias externas y resultar así ser más estables, lo cual es lógico al suponer que son la base sobre la cual se constituye el sistema, según ha expresado Andolfi (1993).

         En consecuencia, existe la tendencia entre los elementos internos a considerar que sus normas y creencias sean las adecuadas, debido a que a ellos mismos les han servido. Esta característica podría explicar la facilidad con que los hijos se adaptan a las nuevas demandas sociales, mientras que los padres presentan una mayor dificultad para adaptarse o entender las mismas. Y por otro lado, al entender que el equilibrio u homeostasis de todo sistema está íntimamente relacionado con el medio donde el sistema se instaura e interactúa. Por esta razón se pueden encontrar familias disfuncionales, o con grandes desequilibrios desde una perspectiva de normalidad en función de la concepción que se tiene de cada sistema familiar, pero que en cambio han hecho de la disfuncionalidad una forma de equilibrio y de permanecer como sistema relativamente estable dentro del contexto donde están inmersas, en muchas ocasiones también disfuncional. Existen familias en las que imperan la violencia y los abusos pero que, a pesar del sufrimiento, mantienen durante décadas la misma estructura interna. Otro aspecto importante, según Andolfi (1993), es entender la familia como un sistema activo.
     Existe una gran diversidad de interrogantes y planteamientos en ciencias humanas orientadas a este fin; unos más polémicos y controversiales que otros cuando se aborda a la familia como unidad, como institución, como sistema o contexto de desarrollo y educación o como un asunto personal o ciudadano que interesa a todos.
     Albornoz (1995) define a la familia como la unidad fundamental de la vida humana, el espacio de lo emocional genérico, grupo de referencia íntima que funciona como un sistema de autorregulaciones en torno al conjunto de vivencias comunes e individuales que se experimentan dentro de ella, matizándola como fuente de armonía y bienestar o de conflictos, inestabilidad y/o violencia. Desde este punto de vista, la familia socializa a sus miembros, tal y como lo plantea Vielma ( 1999), entre otros autores, cuando afirman que la familia o los diversos tipos de familia que existen actúan como modelos condicionantes de gran parte de los aprendizajes y patrones de conducta que no sólo caracterizan la vida, el estilo o la dinámica familiar sino también los rasgos de personalidad, elecciones y decisiones de quienes están conectados directamente o no con el sistema familiar propiamente dicho.
Referencias
Foto 1: fuente: www.abc.es
Minuchin (1986). Familias y terapia familiar, Barcelona, Gedisa.
Ochoa de lada (1995). Enfoques en terapia familiar sistemica, Herder, Barcelona.
Albornoz (1995)  Familia y Educación. Manual de Autogestión Educativa. Venezuela: Kapelusz.
Andolfi, (1993) Terapia familiar, un enfoque interaccional, Barcelona paidos.
Vielma J., (1999) Bienestar Psicológico y Docencia Universitaria. Ponencia presentada en el Coloquio “Identidad Cultural y Educación”. En el marco de celebración del 40 Aniversario de la Escuela de Educación. ULA, Mérida – Venezuela

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