¿Qué necesitan los niños para crecer equilibrados?

Claudia MolinaDestacados, Educación, Familia, Niños y Adolescentes0 Comments

    Aunque existen muchos intentos, aún nadie ha logrado crear un manual que contenga todas las instrucciones reales que nos indiquen como ser buenos padres. Al menos hay quienes lo han intentado y otros que nos interesamos en buscarlos, de por sí ya es valioso que hayan tantos conscientes de su función y preocupados por hacerlo bien. Definitivamente ser padres, es una de las experiencias más enriquecedoras de la vida humana, conocemos el verdadero amor y entendemos la flexibilidad de nuestras barreras cuando dejamos invadirnos de tanta ternura, transformadoras vivencias y unos cuantos pañales sucios.
    Sin embargo, detrás de estas enormes sonrisas, de este pecho engrandecido de orgullo, y por supuestos de ciertas noches de desvelo; hay una parte de sombra en la cabeza de todos los padres que habitamos en este planeta… Sí, una zona oscura donde, en lugar de las alegrías y las sonrisas, en realidad reina la ansiedad y gobiernan los temores, esa zona en la mente de cada padre que aparece con cierta frecuencia y pregunta con la voz más exaltada que tenga: ¿¡¡¡QUÉ ESTOY HACIENDO!!!?
    Realmente tener tanta influencia e intervenir tan profundamente en la formación de otro ser, que amamamos incondicionalmente, no es para nada trabajo sencillo, y siempre vamos a preguntarnos ¿Cómo sabemos si estamos dando los mensajes adecuados, si estamos formando niños equilibrados, activos y prósperos, o estamos conduciendo a la dependencia, pasividad o la neurosis?
     Pues démosle un poco de luz a estas sombras, bajemos un poco la ansiedad a tales preguntas,  y entendamos varios puntos:
    Primero, todos los humanos, cuando biológicamente venimos sanos, nacemos con necesidades básicas, emociones y potencialidades. Estos tres aspectos por así decirlo, son el resumen totalmente superfluo de nuestra composición al nacer (pero nos servirá para ubicarnos en esta explicación) y su satisfacción o expresión dependerá básicamente de nuestro entorno, y es justamente en esto en lo cual debemos estar claros.
    Como padres, tenemos la responsabilidad de cubrir las necesidades básicas de nuestros hijos (hambre, sueño, sed, seguridad…) en los primeros y en realidad gran parte de sus años de vida, damos amor, alimento, resguardo y supervisión; de modo que, todo el control, la planificación y el trabajo para hacer esto recae en nosotros. Ahora bien, en muchos casos pretendemos ejercer este mismo control sobre las emociones y potencialidades de los niños, y aunque ciertamente tenemos una influencia fundamental, podemos cometer el error de inhibir, presionar o incluso empujar algunos procesos.
    Es importante darnos cuenta que las emociones (alegría, tristeza, miedo) como las potencialidades (inteligencia, aptitudes, capacidades) hay que permitirles que progresen, emerjan y se expresen a su ritmo para poder cultivarlas y desarrollarlas. Somos fuente de influencia, de estimulación y de acompañamiento para que todas ellas surjan, pero debemos darle el tiempo natural correspondiente.
    Entendamos que cuando los niños tienen satisfechas sus necesidades básicas (sobre todo la de seguridad), tenderán prácticamente de forma individual a desarrollar sus potencialidades. Si nos concentramos en esta tarea, muy probablemente le estemos dando la mejor base para crecer. Entonces, ¿qué podemos hacer?

Permitir surgir las emociones
    La manera en que expresamos nuestras emociones, influirá enormemente en la forma como ellos aprenderán a expresar las suyas. Así que lo más probable, es que primero debamos hacer un trabajo individual y adoptar nosotros mismos modelos asertivos para manejarlas. Además de esto, tomemos en cuenta que cada niño es diferente e incluso la edad puede tener un papel importante en como nuestros hijos perciben al mundo y su acontecer.
    La idea central de este punto es comprender que nuestra percepción será distinta, incluso el modo en que ellos experimentan las situaciones, posiblemente sus derrotas o tristezas estarán originadas en circunstancias que no tienen el mismo valor para nosotros, pero es sumamente importante que validemos su sentir, respetemos su manifestación y posteriormente orientemos la manera asertiva de canalizarla.
    Celebra sus alegrías, comprende sus derrotas, acompaña sus tristezas, respeta sus miedos y enséñalo a expresar sus frustraciones. A toda costa evita minimizarlos, restarles importancia, prohibir su expresión. Por lo tanto, enseñalo a darles nombre, identificarlos y orientalo en la forma asertiva de expresarlos.
(todo esto vale la pena profundizarlo, y lo haremos en otro post)
Estimular sus potencialidades

    El desarrollo de las habilidades cognitivas (pensamiento lógico, memoria, atención, entre otras) sigue un curso continuo y efectivamente en gran medida depende de la estimulación que podamos ofrecerle, sin embargo, cada habilidad tiene su tiempo, y por mucho que estimulemos, si su cerebro no ha alcanzado la madurez necesaria no aparecerá la habilidad, de hecho podemos terminar en mayores frustraciones.
    La estimulación debe estar dirigida a FACILITAR la aparición de una habilidad, en ningún momento podemos presionar para que esto suceda antes de tiempo, por lo tanto debe adaptarse a cada niño y respetar su ritmo de desarrollo.
    Déjalo que experimente, que resuelva problemas por su cuenta, intentando no facilitarle todas las respuestas. Ofrécele actividades que lo hagan pensar, probarse a sí mismo y tener éxitos, no importa el tiempo que demore, acompáñalo en el proceso. Bríndale espacios reales para que practique sus habilidades, debe haber tiempo diario para todo, las obligaciones y el esparcimiento. Y sobre todo respeta su edad, no adelantes las etapas.
Permítele crecer a su tiempo.
Acompáñalo y estimúlalo a su ritmo.
No inhibas.. no empujes.

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