¿Red de espejos? – Ideas a partir del documental: The Social Dilemma.

Jose Daniel AguilarClínica, Destacados, Educación2 Comments

Hace poco se estrenó un documental en Netflix llamado: The Social Dilemma. Su contenido versa en torno a las redes sociales, sus impactos en la cultura y en la sociedad y poco a poco se va derivando a cómo las redes sociales tienden a modificar la opinión de los usuarios respecto a situaciones sociales. Se comprueba que la huella es tan amplia, que se piensa que las redes sociales pudieron haber influido en las pasadas elecciones presidenciales en EEUU y, probablemente, en las venideras así como también en las situaciones sociales en otros países del mundo.

Indudablemente este tema es muy interesante y ahora me planteo compartir con ustedes algunas ideas que pude recoger para invitarlos a pensar sobre el tema.

¿El Algoritmo es Narcisista?

El primer punto que queda claro es que las redes sociales funcionan con y por un algoritmo que va creando de nosotros una pequeña copia virtual, esa copia le permite a la red: conocernos, conocer nuestros gustos y anticipar algunas reacciones. Así las empresas dueñas de estas redes, disponen de un montón de información sobre nuestros gustos e intereses que empiezan a “vender” a otras empresas para realizar publicidad efectiva y segura.

Un ejemplo para ilustrar el modus operandi (cual delito):

  1. (Hecho)               Pedro le da Like a fotos de color verdes y a jarrones.
  2. (Conclusión)       A Pedro le gusta el verde y los jarrones
  3. (Consecuencia)  Se le pueden mostrar (y vender) jarrones verdes a Pedro.
  4. (Se repite el ciclo infinitamente acumulando muchas más información).

Es muy básico el esquema, pero en esencia es lo que sucede en las redes. Todo este movimiento generan una base de información para intenta “complacer” al usuario mostrando lo que le gusta y lo que más le interesa, así la empresa se asegura que el usuario esté mucho más tiempo conectado y eso asegura mayores ingresos por publicidad.

Así explicado pareciera algo muy inofensivo ¿pero que hay más allá de esto?

Cuando el algoritmo nos empieza a mostrar información y contenido a nuestro gusto, estamos creando una “burbuja” donde “solo vamos a ver” lo que nos interesa, eso incluye información de noticias, política, arte, sociedad, etc. Eso conlleva a que solo vamos a seguir, y empatizar, en las redes con los que piensan como nosotros, los que son como nosotros. Así entramos dentro de una red de espejo que refuerza nuestro narcisismo. La diferencia, la alteridad, lo otro, lo ajeno queda fuera de la red, no se registra, y por lo tanto en la mente seria como que eso no está.

Todo esto trae como consecuencia que, en termino sociales por ejemplo, en un país como EEUU, donde hay dos grandes tradiciones políticas, los demócratas y los republicanos; cuando le das Like a algo demócrata, Instagram y FaceBook te van a seguir mostrando solo cosas demócratas, eso conlleva a que aumente la polarización social y de opinión, en consecuencia se agudiza la segregación.

También se ha asociado el uso de las redes sociales con el incremento en la hostilidad por lo diferente, es decir, como vemos en las redes lo que “elegimos ver”, que refuerza nuestro narcisismo, nuestra percepción del mundo, nuestro valores y prioridades; cuando nos toca salir a la calle y ver al otro, al que es diferente, entonces se genera una disonancia en nuestra mente y en los afectos. Irrumpe la poca tolerancia y pensamos:

¿Cómo puede existir alguien que piensa diferente de Mí, si Facebook me dice que millones piensan como yo y les gusta lo que a mí? (¿Eso no sera acaso una lógica narcisista?)

Hemos caído en la gran red de espejos. Espejos que refuerzan nuestro narcisismo y anulan la existencia  del otro, el registro y tolerancia de lo diferente.

Placer y espejos.

Esto nos lleva al segundo punto, cuando encontramos una noticia, un post, una foto, un vídeo de lo que nos gusta, en nuestro cerebro se segrega una pequeña dosis de Serotonina y otro poco de Dopamina, neurotransmisores encargados de la sensación de felicidad y bienestar y, por otro lado, la motivación y gratificación por la recompensa.

Estos dos neurotransmisores se encuentran, entre otros lugares, en circuitos específicos que se asocian a las conductas adictivas (Sáiz Ruiz, Moreno & López-lbor. 1992). En investigaciones con pacientes adictos a juegos, por ejemplo, se aprecia como el juego genera una frustración – gratificación inmediata que resulta adictiva y que refuerza la conducta.

Si tratamos de hacer un símil, la situación de entrar a Instagram y entréganos al placer de buscar y encontrar fotos buenas para darle Like, sin saber muy bien lo que vamos a encontrar en las fotos de más abajo, se parece mucho a la situación del adicto al juego que se mete en un casino y se entrega a la máquina para buscar y encontrar los tres tréboles al bajar la palanca sin saber lo que se va a encontrar en la siguiente ronda.

Está presente el circuito de: Busque-Encuentro-Sorpresa. Serotonina y Dopamina a millón.

Estas conductas se vuelven adictivas y van generando, a la larga, pequeños cambios en el cerebro, tanto en lo fisiológico como en la morfología.

Redes de espejos en la niñez y adolescencia:

Conociendo todo esto, ¿será entonces sano que los niños y adolescentes tengan redes sociales?

Investigadores como Marqués y Osses (2014) y Johnson. et al (2009), plantean que el cerebro del niño dista mucho del adulto no tanto en morfología o fisiología sino en plasticidad. A pesar de que el cerebro adulto conserva cierta plasticidad que facilita el aprendizaje, captación y memoria de nuevos conocimientos, el cerebro infantil está en la cúspide de la plasticidad neuronal y con toda la potencialidad para el aprendizaje, por eso la educación se tiende a empezar a edades tempranas desde hace milenios.

¿Qué pasa entonces si a un cerebro así lo exponemos a las máquinas y pantallas que escupen Serotonina y Dopamina?

Estaríamos exponiendo a nuestros hijos a actividades potencialmente adictivas, que generan cambios en el comportamiento y patrones de decisión.

Esta población de niños y adolescente altamente expuesto a las redes sociales, no se caracterizan solo por la impulsividad y la falta de tolerancia a la frustración (algo así como que quieren las cosas de Ya para ¡Ya!), sino que también estas actividades generan cambios en la forma del procesamiento de la información y plantean cambios para la estructuración de la memoria como lo señalan Small y Vorgan (2009) y Carr (2010). 

Un cerebro expuesto a redes sociales tiende a memorizar menor información a largo plazo, esto es porque casi toda la información que entra por redes es información que se consume y que de desecha, muy poca es valiosa, y mucho menos es importante para recordar años después. Esto cambia los hábitos de aprendizaje y memorización y se puede asociar a cambios importantes en el cuerpo calloso y su vinculación con el cortex prefrontal.

Por otro lado, cuando un adolescente se exponga a las redes sociales se tienden a complicar procesos psicológicos subyacentes de esa etapa, por ejemplo, los cambios en la imagen corporal, la inclusión y ejecución de un rol social, los modelos de identificación. Todos estos procesos se ven interferidos por los cambios en los ideales del yo que, por identificación, intentan aproximarse a esas imágenes de modelos en Instagran que son difíciles de alcanzar.

En la adolescencia todo está cambiando y, cuando en medio de todo ese movimiento telúrico, el adolescente queda expuesto en redes a la discriminación, el descredito, la burla o la sensación de que ES o ESTÁ haciendo algo mal porque tiene poco likes, entonces se expone a cantidades inimaginables de malestar y sufrimiento. En realidad en este punto para el adolescente está en juego “todo”, su vida y todo lo que él es. Como evidencia de ello se encuentra que, la  taza de suicido entre adolescentes ha aumentado significativamente desde el ingreso de las redes sociales como se muestra en el documental.

A manera de conclusión, como estos fenómenos de las redes sociales tiene relativamente poco tiempo, escasos 15 años, aun no conocemos del todo los efectos psicológicos y neurológicos a largo plazo. Tendríamos que estudiarlos a mayor profundidad y durante más tiempo pero, con lo que sabemos hasta ahora, quedan preguntas que hacernos para pensar:

¿Le quita espacio con su familia el uso redes sociales?

¿Lo interrumpe Instagran, Facebook o Twitter en su trabajo o estudio?

¿Su hijo está expuesto a todo esto también?

¿Qué hace para prevenirlo?

Esperamos que este articulo lo invite a reflexionar sobre como usted permite la intrusión de las redes sociales en su vida. Recordemos es una pequeña/gran red de espejos.

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Referencias:

Carr, N. (2010). The shallows: what the Internet is doing to our brains. Nueva York: W. W. Norton.

Marqués ML, Osses S. (2014). Neurociencia y educación: una nueva dimensión en el proceso educativo. Rev Med Chile 2014; 142 (6): 805-6

Sáiz Ruiz, J., Moreno, I. & López-lbor, J.J. (1992). Ludopatía: Estudio clínico y terapéutico-evolutivo de un grupo de jugadores patológicos. Actus Luso-Espufiolus de Neurologia, Psiquiutríu y Ciencias Afines, 20 (4). 189- 197.

Sara B. Johnson et al (2009). Adolescent Maturity and the Brain: The Promise and Pitfalls of Neuroscience Research in Adolescent Health Policy. J Adolesc Health. Sep; 45(3): 216–221.

Small, G. y Vorgan, G. (2009). El cerebro digital: cómo las nuevas tecnologías están cambiando nuestra mente. Barcelona: Urano. 

Vallone D, Picetti R, Borrelli E. (2000). Structure and function of dopamine receptors. Neurosci Biobehav Rev. Jan;24(1):125-32.

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