¿Sabes cuándo ir al psicólogo?

Jose Daniel AguilarDestacados, Educación0 Comments

      Muchas veces nos acercamos a un amigo, un hermano o a nuestros padres buscando contar algo que nos ha pasado, algo que hemos sentido, algo que nos genera mucho dolor; dolor psíquico que es la raíz de la ansiedad, la depresión, la manía o simplemente el malestar que a veces embarga nuestras vidas por diferentes razones, externas o internas.
    Pero muchas veces no sabemos a quién acudir, qué especialista consultar, quizás porque consideramos que el malestar “no es tan malo”, por simple ignorancia y no sabemos qué significa eso que sentimos o pensamos; también pasa que muchas veces no buscamos ayuda por miedo, miedo a enfrentar algo que sabemos es de nosotros pero que no queremos ver.
    Teniendo esto en cuenta, en este articulo pretendo señalar varios conceptos que todos debemos tener claros al momento de buscar ayuda y además, todo terapeuta debe tener aún más claros para saber cómo ayudar a esa persona que solicita la consulta.
En primer lugar:
¿Por qué buscamos ayuda con un psicólogo o psiquiatra?
      Esta pregunta es muy compleja porque encierra en sí todos los motivos de consultas que se pueden imaginar; la respuesta es muy personal y puede ir desde pensar y sentir: “me siento agobiado en mi trabajo, la paga no es buena y mi feje me exige mucho”, hasta quizás experimentar que “siento que mi vida no vale nada, no le veo sentido a nada, me quiero morir”.
     Lograr tener clara esta primera pregunta es clave para saber a qué especialista acudir. Es como si pensáramos que, por ejemplo, todo iba bien en nuestras vidas, pero de repente empezamos a sentir un ligero dolor en el estómago, acompañado de reflujo gástrico, ardor, náuseas y mareos y aún con todos estos síntomas decidimos buscar a un “Dermatólogo” para que atienda nuestro malestar gástrico. Esta decisión, no es congruente y nos puede llevar a gastar tiempo, dinero y esfuerzo buscando “curas” donde no las podemos encontrar.
      Un ejemplo más acorde a nuestra área podría ser que: por un repentino accidente vehicular empezamos a experimentar pesadillas, flashbacks (recuerdos intrusivos del accidente), inquietud, temor a pasar por el lugar del accidente, ansiedad y aún con todo este malestar psicológico  decidamos acudir a un cardiólogo a ver si nuestro corazón sigue bien.
     La decisión de buscar ayuda con “quien sea” nunca es criticable. La ayuda puede venir desde diferentes orígenes; lo que pasa es que sabiendo “qué” buscamos podemos evitarnos ser derivados de especialista en especialista hasta dar con la ayuda correcta.
     Algunos ítems que tú puedes evaluar para saber si debes acudir a un psicólogo o psiquiatra son:
¿Ha habido alteraciones significativas en tus hábitos de sueño, alimentación, conducta sexual, laboral y recreativa? (Siéntate un momento a reflexionar sobre tus hábitos, son parte de tu vida).¿Esto genera tanto malestar que sientes que no eres el mismo o la misma de antes?¿Sientes que en la medida que pasa el tiempo el malestar va mejorando o va empeorando?¿Reconoces que el malestar es “interno” (psicológico – emocional) y que por lo tanto está en tu manos buscar y hacer lo necesario para solucionarlo?
     Estas preguntas y la última en especial, son muy relevantes porque ayudan a definir lo que nos pasa y más importante, son la antesala a la siguiente interrogante.
¿Cómo espero ser ayudado?
    Esta pregunta nos remite a lo que entendemos como “ayuda”. Acá podríamos empezar a discutir una aproximación etimológica y epistemológica de esta palabra en nuestra cultura occidental, pero creo que es más útil precisar que las ideas (palabras) son “formaciones psíquicas” que dependen de las experiencias individuales de cada uno y que se van transformando en el transcurso de la vida.
      La palabra “árbol”, por ejemplo, encierra un significado particular y único para una persona que se cría en Latinoamérica (bosques amazónicos) en comparación a una que se desarrolla en Sudáfrica (desiertos áridos) , en comparación a otra Asiática (cumbres montañosas).
     Es así como comprendemos que el significado de ser ayudado, curado, sanado o  ayudar a otros a sanar, va de la mano con las experiencias que cada uno de nosotros haya tenido en su historia y contexto cultural, que abarca desde el continente y país donde se vive, hasta la comunidad y la familia de origen.
    Las experiencias previas con todas las personas que nos han ayudado, además de cómo nosotros hemos podido ayudar a otros que sufren, son las líneas centrales que determinan, de una manera u otra, como deseamos recibir la ayuda y esto se relaciona directamente con la elección del terapeuta; teniendo en cuenta que el “psicoterapeuta” es otro humano hacia quien podemos sentir empatía o desagrado y cuyo carácter personal le brinda el estilo particular con que ofrece su “ayuda”.
    Pero más allá de esto, hay al menos tres funciones que todos los terapeutas desarrollan en su trabajo y que considero que el paciente debe conocer para aclarar cómo está buscando la ayuda y ¿qué es lo que busca?

     La primera función es de Psico-Educación. Esta función se relaciona con el compartir de información que promueve el crecimiento / desarrollo y se supone ayude al alcanzar el bienestar del otro que “no conoce”. Esta función se basa en la idea de que el terapeuta sabe algo que yo como paciente no sé y que por lo tanto voy a ser llenado con esa información que alivia y cura.
      Por otro lado está la función que el Dr. Rómulo Lander (Psicoanalista de APC) denomina Orto-Pedica. Que es la función de promover el “correcto funcionamiento” del  psiquismo y la conducta. Esto es, la manera adecuada de procesar la información, de tolerar la frustración, de expresar las emociones, etc. Al parecer este concepto encierra en sí la idea de “corregir” aquello que “no está bien” y desde mi punto de vista, esto es aplicable pero se debe tener mucho cuidado con aquello que se pretende corregir y como se hace. ¿Quiénes somos para juzgar si algo que otro hace esta “bien” o esta “mal”? (Estas ideas las voy a desarrollar en otro artículo bajo el nombre de “Orto-Pedía psicológica”).
      Por último se encuentra la función que el Dr. Lander denomina Psicoanalítica, pero para nuestro interés la vamos a llamar Psico-terapéutica. Esta función se relaciona con ideas básicas como: el compartir sano de nuestro malestar, nuestros dolores y sufrimientos con otro que está atento y dispuesto a recibirlos, promoviendo así alivio, descanso y más importante aún, promoviendo el autoconocimiento de nosotros mismos para facilitar el “hacerse cargo” del propio malestar y aproximar a un cambio interno del mismo.  Considero que, basado en mi experiencia en la práctica clínica, estas tres funciones son variables, permutables y siempre están presentes en todo proceso terapéutico. Unos días “se da” un acento más marcado a una sobre las otras, pero lo que sí está claro es que toda “ayuda” encierra estas tres formas de ayudar y de recibir la ayuda. Lo que nos lleva a pensar en la última pregunta que acá expongo que es:
¿Estoy dispuesto a asumir un tratamiento de psicoterapia?
     Esta pregunta es muy personal y no depende del terapeuta sino del paciente. Como lo dije anteriormente, cada terapeuta ofrece “algo”, un estilo, un conocimiento técnico y teórico, pero el trabajo y el desarrollo del mismo es solo consecuencia del compromiso y trabajo del paciente.
    Asumir un proceso de psicoterapia es en sí un compromiso con varias implicaciones. El compromiso va tanto en la relación con el terapeuta, que encierra: acudir a las consultas, no desperdiciar ni desprestigiar el tiempo que el terapeuta ofrece, acceder al pago de los honorarios, etc. Pero considero que más importante aún es el compromiso del paciente consigo mismo para aceptar el dolor que tiene y vive cada día, aceptar esa herida en su propio narcisismo y atreverse a buscar ayuda para enfrentarla, tolerar que quizás la solución no es inmediata y tampoco es externa, sino que más bien es paulatina e interna, ameritando un trabajo que implica una inversión en cuanto a tiempo, recursos económicos y recursos emocionales.
Para finalizar les dejo dos reflexiones de una escritora excepcional:
“Te darás cuenta de que eras tú mismo tu peor enemigo, puesto que en el túnel debes reprocharte el haber dejado pasar tantas oportunidades para crecer”.
“El sentido del sufrimiento es éste: todo sufrimiento genera crecimiento. Nada de lo que nos ocurre es negativo, absolutamente nada. Todos los sufrimientos y pruebas, incluso las pérdidas más importantes, son siempre regalos”.
Elisabeth Kübler-Ross
Psiquiatra y escritora suizo-estadounidense. (1926-2004).
A esto último me permitiría agregar:
Puedes  decidir atravesar el dolor solo o en compañía. Es bueno que sepas que hay otros que te puede acompañar sanamente.
Referencias:
Imagen 1: Confusión al corazón. Isabel Zpeda
Imagen 2: Efectos en la tierra. Isabel Zepeda.
Elisabeth Kübler-Ross (1993) Sobre la muerte y los moribundos. Grijalbo. España.
Romulo Lander. (2005). LÓGICA DEL ACTING OUT Y DEL PASAJE AL ACTO. Caracas. Venezuela.

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