Ser asertivo: el secreto de las buenas relaciones

Claudia MolinaDestacados, Educación0 Comments

   Es increíble la cantidad de problemas que pueden generarse a partir de un mal entendido. Que no sepamos explicar nuestro punto de vista y que el otro interprete bajo su propia realidad, es de hecho una situación bastante común en todo estilo de ambiente social.
    En cualquier tipo de organización (empresa, familia, comunidad) en la cual exista más de una persona seguramente tendrán que lidiar con alguna dificultad para comunicarse, aunque como especie hemos desarrollado increíbles maneras de hacerlo (basta con ver un poco de la nueva tecnología) parece que cuando se trata de relaciones interpersonales nuestras emociones y actitudes nos juegan un mal rato.
    Generalmente podemos observar (o nosotros mismos tener) dos tendencias en la forma de comunicarnos:
    – una puede ser la pasividad: cuando por alguna razón tememos expresar lo que de verdad pensamos o sentimos, optando por silenciar nuestra opinión y aceptando las disposiciones de otro (aunque estemos en desacuerdo). Aquí, intervienen nuestras dudas, nos intimidamos por la posible reacción del otro, sentimos que estamos en una posición inferior (porque es nuestro jefe o figura de autoridad), tememos el impacto de nuestras palabras (si es nuestra pareja o algún amigo) e incluso terminamos dándole menos valor a nuestras propias convicciones.
    – por otro lado, la agresividad: en un polo totalmente opuesto, están las expresiones que parecieran no tener ninguna clase de filtro. Nos dejamos llevar por nuestras emociones impulsivamente, expresamos todo lo que sentimos y pensamos, pero sin tomar previsiones de las consecuencias de nuestras palabras e incluso pueden estar acompañadas de actitudes que se interpretan como ofensivas. Aunque pareciera que si le estamos dando valor a nuestras convicciones, en realidad estamos minimizando las opiniones del otro y acabamos atropellándolos con nuestra conducta.
    Tener estas dos posiciones encontradas beneficia solo a una parte de la ecuación: el que grita y ordena agresivamente somete al que acepta y obedece de forma pasiva. Imaginemos los problemas generados si se encuentran dos posiciones agresivas, o peor aún, dos tendencias pasivas que no llegan a ningún acuerdo efectivo. En cualquiera de los casos, cual sea la combinación, la comunicación es ineficaz.
    Afortunadamente, existe una tendencia intermedia y es justo a la cual debemos apuntar para asegurarnos de mantener buenas relaciones interpersonales, al mismo tiempo que conservamos lealtad a nuestras propias convicciones.
Punto intermedio: Asertividad
    La asertividad nos permite comunicar nuestros sentimientos e ideas en cualquier situación sin menospreciar al otro ni caer en hostilidad.
    Está basada en el respeto, primeramente hacia mi propio sentir, dando valor a mis opiniones y confiando a plenitud en el derecho que tengo para expresarlas; pero también y con gran hincapié en el respeto a las opiniones del otro, aceptando que en ocasiones no compartimos las mismas y sosteniendo su propio derecho, pues no puedo imponer mis ideas sobre las suyas.
    Para Eric Schuler, escritor y especialista en consulting de la comunicación, la asertividad se trata de aprender a afirmar con serenidad las propias exigencias vitales; tomar una posición clara frente a algún argumento, atrevernos a decir “no” cuando lo pensamos necesario, y sentirnos en capacidad de expresar lo que deseamos (sea positivo o negativo).

    En otras palabras, es poder manifestar una idea opuesta, saber pedir favores o hacer peticiones, emitir juicios o aceptar críticas, formular preguntas, dar elogios, proponer negocios, expresar sentimientos, en fin, defender nuestros asuntos sin manipular ni dejarnos manipular por los demás.
Ser asertivos
    Desde Lazarus (uno de los primeros autores en referirse al concepto) hasta los estudios actuales, explican que existen diversos factores que influyen sobre las respuestas que tenemos en un momento concreto. Nuestro estado emocional, las cargas de estrés, el nivel de autoestima y hasta algunos rasgos de personalidad designan cómo terminamos siendo asertivos frente algunas situaciones y completamente ineficaces en otras.
     Por lo tanto para ser asertivos, es importante que indaguemos en varias actitudes de nuestro propio repertorio y adoptemos las más funcionales. Es decir, podemos entrenarnos y manejar nuestra comunicación a partir de esto.
     Como toda conducta aprendida, no basta solo leer unas cuantas ideas ni seguir unos simples lineamientos, la verdad es que se trata de un proceso a través de ciertas técnicas e incluso depende del ambiente donde queramos aplicarlo. Existen programas especiales para las organizaciones así como para los grupos familiares. Estoy segura que depende de dónde vivas, habrá algún centro especializado que pueda brindarte este servicio.
    Mientras tanto, te dejo algunas recomendaciones para ir entrando en tema:
1. Ubica tu posición y postura
    Haciendo un pequeño trabajo de introspección debemos identificar cuál es la postura bajo la cual tendemos a actuar. Es decir, darnos cuenta desde dónde nos comunicamos, si nuestras posiciones son pasivas o agresivas. Seguramente esto variará según el ámbito que estemos explorando.
    Nuestra tarea aquí es evaluar el ambiente, las personas involucradas y por último, identificar tanto las emociones como los pensamientos que surgen en esas situaciones. Si te domina la rabia y los pensamientos negativos, o por el contrario, si son temores y pensamientos de desvalorización los que se apoderan de ti.
    Una vez que sepas dónde estás ubicado, puedes enfocarte en lo que te corresponde trabajar para llegar a la asertividad.
2. Date cuenta de tus emociones
    Cuando ese conjunto de emociones y pensamientos nos invaden, producimos automáticamente conductas y por lo general son esas respuestas inmediatas las que no corresponden a la conducta asertiva. Poder frenar la actuación sin dejarse llevar por lo que sentimos en ese momento es el secreto para lograr una reacción emocionalmente inteligente.
    Si dejo que mi frustración se apodere por completo, puedo tener actitudes violentas; en contraste, si dejo que mis temores me paralicen, mis actitudes entonces serán de sumisión. La idea central acá es que pueda retirarme y reorganizar lo que siento para poder actuar.
    No se trata de reprimir o cambiar lo que siento/pienso, se trata de aplicarles un filtro que me permita pensar en las consecuencias de mis palabras y conseguir mejores alternativas. (Esta es la razón de la famosa técnica de las respiraciones y el conteo hasta 10).
    Para que esto funcione DEBO NECESARIAMENTE trabajar en mi estado emocional, mientras exista mayor armonía en mi mundo interno, contaré con mejores herramientas para enfrentar cualquier tipo de situación externa. Fortalecer mi autoestima, darme cuenta de mis conflictos, resolver sentimientos y responsabilizarme de lo que siento me brindará la base para desarrollar habilidades asertivas de comunicación.
3. Ensaya tu discurso
    Reorganizo lo que siento y aplico un filtro. Es tiempo de ensayar lo que quiero expresar. Toda comunicación que quiera hacer, sobre todo cuando se trate de manifestar un punto de vista opuesto, debe contener tres elementos: 1. Comprendo tus motivos 2. Describo hechos o te planteo mi posición 3. Te propongo una alternativa.
    Reconocer que esa otra persona tiene ideas diferentes, hacerle saber que las respetas (le das valor o las entiendes), pero al mismo tiempo expresas tu posición frente a eso (siempre hablando en primera persona y sin necesidad de justificación, pues es tu derecho)
 “entiendo que tu… pero yo pienso que… hagamos esto”
    Cualquier situación es buena para ensayar tu conducta asertiva: hacer peticiones al mesonero, dar elogios al vecino, opinar en una reunión sobre una película, reclamar ante una situación de inconformidad, en fin, ensayar sirve como escuela.
4. La práctica hace al maestro
    El lugar, el momento y la vía que se utiliza también forma parte vital de una comunicación asertiva. Que sea un ambiente donde no existan injerencias, que podamos establecer contacto visual desde la misma altura, cuidar el tono de voz y hasta la posición corporal son aspectos que de igual manera deben considerarse.
    Probablemente la primera vez que pagamos en práctica actitudes diferentes a las que usamos con frecuencia, sea todo un desgate energético, pero por fortuna, si practicamos en distintos contextos de nuestra vida, dominaremos poco a poco un estilo asertivo para comunicarnos.

     Siendo asertivos podremos lograr de mejor manera nuestros objetivos, nos
respetamos a nosotros mismos así como también a quienes conforman nuestro entorno, podemos actuar siendo auténticos a las ideas propias y nos expresamos con franqueza pero completa serenidad; haciendo que establezcamos y mantengamos mejores resultados en nuestras relaciones sociales, familiares y laborales.
Referencias:
Eric Schuler, Asertividad (1998). Editorial GAIA.
Eva Bach y Anna Forés, La asertividad para gente extraordinaria. Editorial Plataforma.

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