¿Tareas y Promesas en Psicoterapia? – Reflexión para terapeutas y pacientes.

Jose Daniel AguilarClínica, Destacados, Educación0 Comments

Hace poco estaba reflexionando un poco sobre el concepto de las tareas y las subsecuentes  promesas y su función en la psicoterapia. Muchas veces me he encontrado a personas que dicen: “el otro psicólogo me mando una tarea”, “es que prometí no volverá hacer esto”, “prometí no comer mucho para adelgazar”, “prometí dejar de pelear con mi esposo”, “prometí hacer más ejercicios”, “me puse tareas diarias pero no las hago ¿qué me pasa?”. Y lamentablemente estas tareas y promesas no se sostienen por mucho tiempo; luego retornar la persona con un sentimiento de derrota interno y frustración más grande que al momento de hacer la promesa.

Desde este punto de vista, y siendo de orientación terapéutica psicodinámica, por ahora he decidido abandonar la idea de establecer un contrato que incluya “tareas-promesas” con el paciente, como lo hacen en algunas otras corrientes. He escuchado cosas como por ejemplo: “tiene que hacer esta actividad para llevar un registro de sus emociones”, “tiene que comprometerse en dejar de maltratar a su hijo”, “tiene que hacer estas tareas en casa porque son parte del proceso terapéutico”,  etc.

Muchas veces estas técnicas organizan la labor terapéutica, estructuran el objetivo para el paciente y el terapeuta, pero se corre el riesgo de promover un gran sentimiento de fracaso y frustración cuando el paciente no las cumple, siendo parte muchas veces del motivo del abandono de la labor terapéutica.

Teniendo esto en cuenta, les quiero mostrar las implicaciones psicológicas de estas “tareas-promesas” y lo que pueden significar para el paciente y para el terapeuta. Primero que nada, no todas las tareas-promesas son iguales, podemos empezar a clasificarlas como:

Las promesas con el terapeuta: El contrato y las tareas.

Indiferentemente de la corriente teórica del terapeuta, en toda terapia siempre hay un “contrato” o un “acuerdo” para poder trabajar, esto incluye desde los honorarios, la frecuencia  y la duración de las sesiones y el tiempo durante el cual se hará el tratamiento. Este contrato tiene un fin protector para el paciente y para el terapeuta, dado que otorga una estructura de encuentro y facilita la evaluación del paciente. Por ejemplo,  según Kernberg (1966) y Millon (1996), los pacientes bordeline tiende a trasgredir el contrato llegando tarde, saliendo antes de terminar la sesión, faltando, no pagando, contactando al terapeuta en horas inapropiadas, etc.  Estas transgresiones sirven para evaluar la  posible mejoría, se dice que empieza a haber mejora (entre otras cosas) cuando las transgresiones se vuelven menos frecuentes y se puede trabajar en otro nivel.

Por otro lado, el contrato sirve para proteger al terapeuta de actuaciones de parte del paciente, por ejemplo en pacientes dependientes e histéricos (Op. Cit) son frecuentes los deseos de llamar al terapeuta frecuentemente para solicitar atención o cuidados; acá el encuadre organiza donde y cuando se va a dar la ayuda, establece una ley para el paciente y para el terapeuta. Dentro de este marco el paciente puede acudir y desarrollar cualquier contenido, trabajar cualquier punto, sueño, idea, sentimiento, etc. Se convierte en el laboratorio donde se trabaja.

Todo esto es muy diferente a la tarea-promesa, es que es un acuerdo entre el paciente y el terapeuta de “Hacer” o “No Hacer” una determinada actividad. En otras palabras es un forzamiento de una conducta. Este forzamiento coloca al terapeuta en una dimensión de evaluador de la realización de la actividad y a su vez del desempeño. Entonces el tratamiento toma un matiz de escolaridad, donde se van a mostrar los progresos y las tareas, cosa que si fuera así estaría muy bien pero en todo tratamiento vamos a encontrar momentos de progreso y retroceso, entonces en esos momento de retroceso el paciente puede experimentar gran ansiedad al sentir que el terapeuta lo puede evaluar como ineficiente, retador o devaluado por no cumplir la tarea-promesa. Es frecuente observar comentarios como “es que no vine porque me daba pena porque no hice la tarea”, cuando esto se puede traducir como: tengo miedo de que usted también me juzgue y deje de ayudarme.

Acá es bueno recordar que el terapeuta no está ahí para corregir la realización de la tarea, estamos ahí para acompañar en un proceso de búsqueda de la salud.

Luego aparecen Las Tareas-Promesas como un ocultamiento de una intención.

Cuando se establece una actividad específicas para realizar en la sesión de psicoterapia y se establecen tareas-promesas como compromiso en realizar una acción, también se restringe de forma exagerada el campo de acción del tratamiento; por ejemplo, el terapeuta dice antes de la sesión: “hoy vamos a trabajar sobre los celos y los pensamiento irracionales ligados a estos” o “elaboraremos la responsabilidad inflada en las obsesiones”. Cuando se parte de esta determinación se está demarcando demasiado el campo de acción y además el área donde el paciente puede mostrar sus “otras” preocupaciones o inhibiciones, por ejemplo, el rendimiento sexual en la relación de pareja, cosa que le puede preocupar sobre manera y que además representa un área importante en relación a los celos. Así, las tareas promesas le sirven al terapeuta para organizarse pero dejando de explorar otros terrenos que pueden interferir y, por otro lado las tareas-promesas pueden servir al paciente de forma inconsciente para dejar de lado todo aquello de lo que muchas veces no quiere hablar porque resulta vergonzoso o penoso.  En este punto me he encontrado con paciente que al iniciar la sesión me dicen: “bueno, ¿de qué vamos a hablar? ¿Seguimos con el tema anterior? A lo que respondo: “¿habrá algo que quieras trabajar hoy o que te preocupe? – Bueno si… , y la sesión deberá en otro tema que quizás al inicio no tiene mucha relación con el anterior pero en el transcurso casi siempre  coincide en algo.

Si estableciéramos una tarea-promesa muy delimitada y una sesión “rígida” para tratar solo eso, podríamos hablar de un cierto número de cosas dejando de explorar alunas otras y esto sirve para las resistencia a enfrentar los puntos más difíciles de tratar.

Por último, Las promesas como punto de inflexión para la terapia.

Cuando se empiezan a conjugar todo lo antes señalado: el paciente no cumple sus promesas con el terapeuta, se siente devaluado y criticado, además se cerca el espacio para hablar de otros tema porque la terapia solo se circunscribe a un cierto tópico, empiezan a aumentar las resistencias del paciente para hablar de lo que de verdad le genera malestar y dolor, entonces indefectiblemente se llega a la ruptura de la relación terapéutica y el fracaso terapéutico.

De todas estas disertaciones podemos sacar que todo terapeuta, independientemente de su corriente terapéutica, debe disponer de un espacio para la escucha libre de cada paciente, donde pueda expresas sus preocupaciones más genuinas aunque estas no se asocien con su primer motivo de consulta. Por otro lado, el terapeuta debe cuidarse de colocarse y sostenerse en la posición de evaluar constante, emitiendo juicios de valor y de desempeño para evadir el generarle más angustia al paciente. Por último, de ser muy necesaria en la labor terapéutica la elaboración de “tareas-promesas”, como en el caso del tratamiento alcohólicos y otras adicciones, el terapeuta debe invitar al paciente a incorporar la tarea-promesa no como algo que “tiene” que hacer para el terapeuta, sino para sí mismo y su progreso, es una incorporación del compromiso como una búsqueda de la salud y no como un forzamiento a dejar de hacer ciertas cosas y sustituirlas por otras.

Si eres paciente y en algunos momentos sientes que el terapeuta propone muchas tareas-promesas, te sientes malhumorado por “tener” que hacerlas para progresar y además te da flojera, siéntete en la libertad de plantear esta situación a tu terapeuta, estoy seguro que se podría encontrar entre los dos una nueva manera de llegar al mismo destino.

Espero que les haya gustado esta pequeña reflexión sobre la práctica de las tareas-promesas en la labora terapéutica. Espero con gusto sus comentarios.

Referencias:

  1. Kernberg, O. (1966). Structural derivatives of object relationships. Int. J. Psycho-Anal., 47: 236–253.
  2. MILLON, T. (1996). Trastornos de personalidad. Barcelona: Martinez Roca.
  3. ORGANIZACIÓN MUNDIAL DE LA SALUD (1992). Trastornos mentales y del comportamiento. Descripciones clínicas y pautas para el diagnóstico. Madrid: Meditor.

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